Por Luis Darío Nagore – Saladillo

Tiempo atrás, en algunos de los medios locales que publican los correos de opiniones que suelo escribir, exponía un informe que realizó una conocida universidad de Argentina, acerca de la pobreza en nuestra Nación.
En los últimos días, medios nacionales fueron mostrando indicadores generados en buena parte por el INDEC (órgano de estadísticas oficial), donde se muestra la fuerte tendencia a la desaparición de la clase media, que identificó a nuestra Patria desde hace años en el contexto de Latinoamérica.
Pero no sólo eso, se afirma que nuestra República, es el único país en la región en donde la pobreza no se ha reducido, sino por el contrario, en proporción demográfica tiene más pobres que hace 30 años.
Esto nos obliga a pensar que algo no ha estado, ni está funcionando de forma convenientemente.
La vida democrática de nuestro país (en los últimos 40 años), desde el comportamiento económico, ha tenido una mirada estatista y en menor cantidad de años una mirada capitalista, en ambos casos los procesos de desarrollo no han ocurrido.
Está claro que, en buena parte, ocurre una crisis de valores en donde, por ejemplo, la justicia no muestra ser el brazo rector para mantener la igualdad en un marco republicano, y asociado a ello la dilación que esta hace con los casos de corrupción de los gobiernos perjudicando al Estado; es decir, a todos nosotros.
Desde las rutas de Lázaro Báez, “financiadas” por parte del Gobierno de la señora Cristina Fernández, actual presidiaria sentenciada por robo e inhabilitada para ejercer cargos públicos y otros de su sequito, hasta los casos de Libra, ANDIS y Adorni del actual Gobierno nacional, generan el hartazgo de la gente, sobre todo para con la dirigencia política, que, en mi opinión, sigue atada a las viejas tradiciones políticas ideologizadas, y sin
ánimo de innovar en la búsqueda de aportar soluciones a las necesidades de nuestra gente.
Diera la impresión que todo se reduce a pintar lindo en las redes sociales; recomiendo ver el artículo del periodista Miguel Wiñazki en Clarín (www.clarin.com/opinion/politica-tiempo-inder_0_xjhSFzE2Q3.html), lo
que puede ayudar a algunos que creen que la inmediatez de información es perdurable.
Dicho esto, en la nota anterior que se publicó sobre la pobreza me referí, en un ejemplo, a lo sucedido en Saladillo, en donde el Municipio y la Provincia pudieron aportarle a la comunidad 13 viviendas. Para acceder
a ellas por sorteo, se anotaron más de 850 familias. Lo que muestra una realidad que pareciera no atenderse, sobre todo en esta época de “negocios entre privados”.
No existen créditos hipotecarios adecuados a las condiciones de precariedad laboral de nuestro país; las altas tasas de interés que cobran los bancos hacen que los jóvenes que se insertan a la vida productiva, no puedan pensar en tener una casa.
Los “negocios entre privados”, que muchos sostenemos como camino lógico, no es posible cuando las partes no pueden usufructuar los mismos derechos.
Es decir, debemos asumir cómo estamos y qué podemos hacer. “Si nos pica la cabeza y vemos que la caspa camina, es porque tenemos piojos. No es un síntoma por la irradiación de nuestras neuronas al exterior”.
Entonces, es el momento de ser innovadores, sobre todo los que se dedican a la política partidaria teniendo en cuenta las próximas elecciones.
En el tema habitacional en nuestra ciudad, puede apreciarse gratamente que en 20 años pasamos de ser una ciudad de casas chatas a una “ciudad en vertical”.
Indudablemente, si algo moviliza la producción local es la construcción; súper diferente a lo que ocurre en ciudades vecinas. Desconozco si algún estudio económico financiero aclara el porqué de este crecimiento; pero colijo que uno de los orígenes del financiamiento que se produce es el derrame económico de la agricultura y la ganadería local.
No importa la calidad del origen de esos fondos, si son en blanco o en negro. Sí es importante saber si quienes llevan a cabo la obra edilicia están protegidos desde todos los aspectos.
También es dable reconocer, y siempre en el plano de la construcción, que los múltiples emprendimientos inmobiliarios de parcelamiento de chacras generan multiplicidad de viviendas en el sector periurbano, en
extensiones de terrenos significativas. Lo cual afirma la hipótesis de la construcción como dinamizador de nuestra economía.
El Censo de Población de 2022 en nuestra ciudad, indica una ocupación de aproximadamente 1500 trabajadores en este rubro.
Cerrando, y como propuesta, porque no deben existir sólo crítica y comentarios, debemos aportar soluciones desideologizadas adecuadas para nuestras comunidades; por ejemplo, la “autoconstrucción” a la que agrego la “regulación”.
En esta mirada podrían participar el Municipio, la Provincia, el Colegio de Arquitectos local, el Colegio de Técnicos de nuestra ciudad, sin que se pierda este círculo virtuoso que representa la construcción para nuestra localidad, dándole a quien construye certezas y garantías de que lo construido es viable, sostenible y sustentable.
Y es la “regulación”, acompañada de cursos en construcción, instalaciones sanitarias, revestimientos, etc. Todos pueden ser dictados por la Dirección de Escuelas de la Provincia. Puede ser un camino para atender el déficit habitacional, atendiendo a quienes por sus ingresos no pueden acceder a la oferta de la estructura inmobiliario local.













