Por Andrea Mirassou (Saladillo)

Cinco minutos. Ganar por cinco minutos. Tenía tantas ganas de ganar sin arriesgar nada que perder me dolió, pero con un dolor raro, como ajeno, pero tampoco. Los dolores ajenos a veces duelen más que este que sentí.
Al final me di cuenta que en realidad lo que me dolió fue perderme la alegría de los otros. Porque la alegría de los otros sí que me alegraba. Era una alegría linda, suave, sin envidias, sin resentimientos. Era una alegría entera. Una alegría de todos.
Claro que me dio pena perderme la alegría de todos. Me quedé mirando la ventana del balcón de enfrente, donde la vecina saludaba con una bandera. Ahora fumaba. Una sombra a trasluz.
Ganamos. Perdimos. Primera persona del plural. Todos. Tan rato entre nosotros.
Y me quedé pensando que Messi lloraba por lo mismo que yo. La ausencia de esa alegría ajena y propia, suave, linda, sin envidias, una alegría para todos.












