“El 30 de octubre de 1983 fue el día en que el pueblo recuperó su destino. A 43 años de la jornada histórica que sepultó para siempre a la dictadura militar, reivindicamos el 30 de octubre como el Día de la Recuperación de la Democracia y a Raúl Alfonsín como su padre indiscutido, el hombre que transformó el clamor de Justicia en la piedra fundacional de nuestra República.”

Por Carlos Antonio Gorosito – Intendente Municipal 1991-2015
El 30 de octubre de 1983, quedó grabado como el día en que la soberanía popular regresó para siempre a las manos del pueblo argentino a través del voto.
Aquella jornada electoral no sólo significó elegir a un nuevo gobierno, sino que fundó el período democrático más extenso de nuestra historia, cerrando un ciclo de interrupciones que había comenzado el 6 de septiembre de 1930 con el derrocamiento de Hipólito Yrigoyen y que sumaba 53 años de profunda inestabilidad institucional.
La última y más dolorosa de esas heridas, se había iniciado el 24 de marzo de 1976. En esa fecha, las fuerzas del privilegio se valieron del evidente deterioro político y económico que atravesaba el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón para ejecutar un golpe de Estado cívico militar.
Utilizando a las Fuerzas Armadas como brazo ejecutor, derrocaron a una gestión elegida por el pueblo que bien podría haber sido cambiada o ratificada en las urnas.
A partir de allí, se instaló una de las dictaduras más crueles, oscuras y sangrientas de nuestra historia. El régimen violó sistemáticamente los derechos humanos y persiguió con saña a quienes pensaban distinto, fuesen dirigentes políticos, intelectuales o artistas.
En el plano socioeconómico, el proceso impuso la extranjerización de los resortes básicos de la economía nacional y estructuró una política financiera asfixiante que sólo podía sostenerse mediante el uso sistemático de la represión estatal.
El delirio autoritario de la Junta Militar pretendía perpetuarse en el tiempo. El dictador Leopoldo Fortunato Galtieri llegó a expresar con desprecio que las “urnas estaban bien guardadas”, bajo la premisa de que el pueblo no volvería a expresarse libremente.
El régimen buscó oxígeno manipulando una causa tan justa y sentida como la soberanía de las Islas Malvinas, arrastrando al país a una guerra desigual contra Inglaterra, una potencia armamentística y tecnológica superior que además contaba con el respaldo de Estados Unidos.
Sin embargo, el pueblo argentino jamás se resignó y resistió a la dictadura de todas las formas posibles. Antes del conflicto del Atlántico Sur, las calles ya hablaban a través de movilizaciones populares masivas en Plaza de Mayo que reclamaban “paz, pan y trabajo”.
La derrota militar aceleró el colapso y el definitivo desprestigio de los comandantes, obligando a la dictadura a convocar a elecciones libres para el 30 de octubre de 1983.

En ese escenario, emergió la figura de un dirigente político de la Unión Cívica Radical (UCR) que nunca había claudicado ante el terror: Raúl Alfonsín.
Su compromiso con la defensa de los derechos humanos había sido inquebrantable, incluso en los años previos al golpe, cuando operaban bandas parapoliciales y paramilitares como la Triple A.

Durante la campaña electoral, Alfonsín recorrió los rincones del país recitando el Preámbulo de la Constitución Nacional, transformándolo en un rezo laico y en un poderoso símbolo de unidad.
Logró sintetizar los anhelos, los dolores y las esperanzas de millones de ciudadanos sometidos por años a las vejaciones y frustraciones del régimen. El pueblo lo eligió para liderar la refundación de la democracia argentina.
Para los saladillenses, aquella jornada histórica tuvo un orgullo adicional e inolvidable: el doctor Alejandro Armendáriz, hijo dilecto de la ciudad de Saladillo, fue consagrado ese mismo día como Gobernador de la Provincia de Buenos Aires.
Su gestión al frente del principal distrito del país, sentó las bases sólidas para el crecimiento de la provincia de Buenos Aires, gobernando con honestidad, cercanía y una profunda vocación transformadora en tiempos de reconstrucción institucional.
A más de cuatro décadas de aquel hito histórico, el imperativo sigue intacto. Los argentinos debemos renovar diariamente el compromiso democrático indiscutible de que los gobernantes se eligen, se legitiman y se reemplazan única y exclusivamente por medio del voto popular.
Raúl Alfonsín nos dejó un mandato a cumplir: “Tenemos una meta: la vida, la justicia y la libertad. Tenemos un método para conseguirlo: la democracia”. Por eso, la defensa de la democracia es irrenunciable. Lucharemos siempre por mantenerla.”












