Hay serpentinas en la noche.
El cielo bulle como un grafiti opaco,
al igual que la foto en sepia de papá.
He pensado en los terremotos de Caracas
y en los cuerpos inmóviles
y la apatía mental desapareció,
al igual que en la mañana los gatos
saltando la ventana.
…
Debajo de mi cama hay un mundo
apocalíptico que inspira el día.
He cantado sobre mi índice y tu espalda;
repetí la canción en una playlist
interminable.
Al fin la apatía mental volvió al filo
de la madrugada y pensé en Vega
y su cuerpo desmembrado,
y un escalofrío retumbó en el cuarto.
Al fin estoy bien, al fin estoy bien;
mi vida no es tan tediosa como
las pistas claras del imbécil Juez.
…
He pensado que una casa solitaria
es como una casa pegada con plasticola.
Dejé a los gatos dormir en mi cama
y me permití un poco de suplicio frío.
Me he mirado al espejo
y era una calcomanía
del año 2000 escuchando Gorillaz.
No envejecí.
No envejecí, me dije.
Pero la superficie se pudre, sin embargo.
Y hay un poco de carne a olor ataúd.
…
Vuelve el día y la madrugada
y la apatía mental en oleada en dosis
me inspira confianza como
un puntito muerto,
como el aliento, tu aliento, los alientos.
Un cementerio no huele
a jazmín, me dije.
Huele a artículos de limpieza
como en geriátricos,
como en hospitales.
…
La apatía mental invade cada rincón.
No sé cómo alarga las calles.
Hace oscura la vida de Caracas;
tal vez los escombros que caen ahora
en Caracas y pronto en Mendoza
desmembrado, desmembrado
el cuerpo de Vega en latas de 20 litros.
Un Ford Ka, un pozo y tierra.
Vuelve, vuelve la apatía mental.
Mi casa es un refugio, al fin un refugio,
de plasticola al fin.
…
Ayer Leila vino a contarme una anécdota;
la vida es un autoengaño, dijo.
Ayer no sé cómo no hubo sol,
y sin embargo vi los escombros
de Caracas y me olvidé por un rato
de la apatía mental.
El mundo no es para todos
el mundo no es para todos, me dije.
Ni para los que dicen que no es para todos
o abollan el aluminio,
abollan el aluminio,
ponen un parche a la cámara con la cubierta rota.
Y me acordé de Gorillaz
y el día en que miraba MTV
y desconocía un terremoto en Caracas
y un cuerpo desmembrado
en latas de 20 litros arriba de un Ford Ka.
Por Bernabé De Vinsenci (Saladillo)







