En una actitud generosa que bien vale destacar, Fernando Pinat periódicamente dedica parte de su tiempo a cortarles el pelo gratis a los residentes del Hogar de Ancianos de Saladillo.
La propuesta surgió de común acuerdo con la nueva Comisión Directiva y desde entonces Fernando se puso manos a la obra. “Así como otros comercios de la ciudad donan ropa o alimentos, yo me puse a disposición para ofrecer mis servicios”, comentó el peluquero, que este 25 de agosto celebró su día.
Cabe destacar que esta es una práctica que Fernando ya realizaba junto a otro colega cuando vivía en Buenos Aires. Cada tanto, iban a hogares convivenciales de niños y niñas en condiciones de vulnerabilidad social y les cortaban el pelo gratis.

Lo cierto es que, cada dos meses aproximadamente, Fernando se acerca hasta el asilo y les corta el cabello a abuelos y abuelas. En una tarde, en alrededor de dos horas, hace entre 20 y 30 cortes.
“En ese ratito, ellos la pasan bárbaro y a mí me hace muy bien. Conversamos, me cuentan sus historias, sus vidas. Nos reímos. En fin, es un momento muy agradable. Con algunos tengo más confianza que con otros y hasta hacemos bromas. A uno de ellos, que es muy pintón, y me recuerda a mi abuelo, ya lo apodé ‘El Galancito’”, contó entre risas.
“Es muy lindo ir a visitarlos y compartir algo con ellos, aunque sea por un ratito. Los hace muy felices. Nosotros, en algún momento de nuestras vidas, también vamos a llegar a esa edad y no vamos a querer sentirnos solos. Por eso voy. No cuesta nada, aunque mi señora, en tono de broma, a veces me diga: ¡¿Qué, te estás guardando un lugarcito en el Hogar?!”, expresó.

Treinta y cinco años de trayectoria
Tras egresar del secundario en 1991 en Buenos Aires, Fernando empezó a dar sus primeros pasos en el oficio.
Aprendió con un peluquero que le cortaba a su mamá en el barrio de San Cristóbal. Y fue ese mismo profesional quien le sugirió capacitarse. Tres años después, en 1994, se recibió de peluquero en la Asociación Patronos Peinadores y Afines (Appya), en CABA.
Las vueltas de la vida, hicieron que un buen día recalara en Saladillo. Su vínculo con este municipio se dio a principios de los ’90, por intermedio del padre de una compañera suya de la escuela secundaria que trabajaba en el campo de la familia Di Battista, en el paraje El Mangrullo.

Después de rotar por distintos salones de Buenos Aires y desempeñarse en cadenas importantes, además de acompañar al famoso estilista Rubén Orlando, decidió afincarse en Saladillo.
Trabajó en relación de dependencia en distintos lugares de la ciudad, hasta que finalmente abrió su propio espacio.
Con Hair Club estuvo 18 años en un local de avenida Belgrano entre Alem y Almafuerte, pegado a la tradicional juguetería y librería Josesito, y desde hace un tiempo atiende junto a su hermano Leo en la esquina de Roca y Sarmiento.
“Es una profesión que me encanta y que volvería a elegir. No tengo dudas. La peluquería me dio todo y Saladillo también, fundamentalmente una familia, amigos y muchos clientes. Muy agradecido por todo”, concluyó.













