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“Que la visita histórica del Papa León XIV nos sirva para desterrar el odio y edificar la Civilización del Amor que pregonaba Pablo VI”

“Abrigo la profunda esperanza de que, en su próxima visita a la Argentina, el Papa León XIV abra nuestros corazones para construir una mejor sociedad. No debemos ser sordos a su mensaje, ni debemos permanecer neutrales ante su llamado. Nos está marcando un camino, y no es el de la crueldad: es el camino del amor.”

Por Carlos Antonio Gorosito – Intendente Municipal 1991-2015

La Rerum Novarum es la encíclica del Papa León XIII que sentó las bases de la Doctrina Social de la Iglesia. La promulgó en 1891, en un momento de grandes transformaciones globales, cuando asistíamos a la Segunda Revolución Industrial. Fue una mirada puesta en los más desprotegidos, tal como fue siempre la misión de Jesucristo. Para quienes creemos, el Papa es el representante de Cristo en la Tierra, el Sucesor de Pedro y el primer Papa de la historia.

El actual Papa, León XIV, ha sucedido en la Cátedra de Pedro al Papa Francisco, quien durante su pontificado dio un testimonio incansable en defensa de los más desprotegidos del planeta y alzó vehementemente su voz contra aquellos que quieren perjudicar la existencia de nuestra casa común, ya sea a través de las guerras, la destrucción del medio ambiente o la explotación del hombre por el hombre.

Al asumir su pontificado, León XIV adoptó el mismo nombre que León XIII, lo que implica un compromiso explícito con la justicia social y con los más desfavorecidos de la Tierra.

León XIV, al igual que Francisco, ha convivido con los vulnerables del mundo; en cada uno de los que sufren, ambos han visto a Cristo sufriendo en la Cruz.

Jesús acompañó a los pobres y a los marginados de su tiempo. Por eso, al elegir su nombre, León XIV dejó muy en claro en qué vereda quedaba situado ante los problemas del mundo actual. Él sabe perfectamente lo que es la pobreza porque vivió junto a los más necesitados durante su labor en la Diócesis de Chiclayo, en Perú.

El Papa León XIV reivindica la solidaridad y, por lo tanto, será la cara opuesta de todos aquellos líderes civiles del universo que predican la crueldad. En su primera encíclica, titulada Magnifica Humanitas, sostiene que:

“La Magnífica Humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”.

Frente a esta disyuntiva, el Santo Padre nos plantea dos caminos claros:

• La Torre de Babel (el camino de la soberbia y la deshumanización): Simboliza un modelo donde el ser humano confía ciegamente en su propio poder, el dinero, el dominio técnico y el beneficio económico por encima de todo. Es construir un mundo frío e injusto donde se pierde el rostro y la dignidad de las personas.

• La ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos (la nueva Jerusalén y el camino de la fraternidad): Representa una sociedad centrada en la dignidad humana, la justicia social, el bien común y el cuidado mutuo. Un progreso tecnológico que esté al servicio de la persona y no de los intereses de unos pocos.

En resumen, el Papa advierte que la humanidad no debe temer a la ciencia o a la tecnología, sino elegir con responsabilidad si estas herramientas servirán para aislarnos y subyugarnos, o para construir una convivencia más humana y solidaria.

En el apartado sobre la Civilización del Amor en la era digital (punto 186 de la encíclica Magnifica Humanitas, página 61, Editorial Verbo Divino), el Santo Padre sintetiza los siguientes ejes fundamentales:

• De la utopía al proyecto exigente: El Papa aclara que la “civilización del amor” (un concepto recuperado de San Pablo VI) no es una utopía ingenua o un simple sentimentalismo. Por el contrario, es un llamado político, económico y cultural a traducir la caridad en estructuras de justicia concretas e instituciones que protejan a las personas en el ecosistema digital.

• Respuesta a la automatización y polarización: Frente a una era marcada por la desconexión algorítmica, la mercantilización de los datos personales y el riesgo de deshumanización, el texto plantea que la tecnología debe conectar voluntades y no profundizar las desigualdades sociales o el individualismo.

• El amor como norma pública: El Pontífice enfatiza que en la era de la inteligencia artificial, el “amor social” debe abandonar el ámbito estrictamente privado y convertirse en una fuerza pública. Esto implica guiar la innovación tecnológica mediante una corresponsabilidad valiente que ponga siempre como límite absoluto la dignidad de la persona.

Jesús fue condenado a muerte por crucifixión durante el reinado del emperador romano Tiberio Julio César Augusto. En el siglo XXI, existen nuevos “Tiberios” que, de diversas formas, crucifican a los pueblos del mundo. Ante ellos se levanta la voz del Papa León XIV, quien siembra la esperanza de construir un mundo mejor al llamarnos a la conversión.

Sembrar el futuro: La educación como el mayor acto de esperanza

Nos encontramos en un cambio de época definitivo. En un mundo deslumbrado por la velocidad de los algoritmos y la frialdad de las máquinas, el Papa León XIV nos recuerda en el punto 238 de Magnifica Humanitas que la verdadera transformación no se mide en potencia de cálculo, sino en la grandeza del corazón humano. Por eso, hoy más que nunca, invertir inyectar en educación es sembrar la esperanza.

Educar en la era digital no es simplemente transmitir datos o acumular destrezas técnicas. Invertir en educación significa:

• Encender la chispa del pensamiento crítico: Para que las nuevas generaciones no sean consumidoras pasivas de tecnología, sino creadoras conscientes de un mañana más justo.

• Formar en la empatía y la fraternidad: Garantizar que los profesionales del futuro pongan siempre el corazón por delante de la pantalla, entendiendo que el progreso solo es real si nos incluye a todos.

• Cerrar las brechas de la desigualdad: Convertir las aulas en los laboratorios donde se diseñe una sociedad sin descartados, donde el conocimiento sea un puente de comunión y no un muro de exclusión.

Cada recurso destinado a la educación, cada maestro que inspira y cada joven que aprende es una declaración de fe en el ser humano. No tengamos miedo al futuro tecnológico; el mañana sigue perteneciendo a la humanidad. Apostemos con audacia por una educación que nos libere, que nos hermane y que construya, de una vez por todas, esa ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos en paz.

Abrigo la profunda esperanza de que, en su próxima visita a la Argentina, el Papa León XIV abra nuestros corazones para construir una mejor sociedad. No debemos ser sordos a su mensaje, ni debemos permanecer neutrales ante su llamado. Nos está marcando un camino, y no es el de la crueldad: es el camino del amor.

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