Por Luis Darío Nagore

Con el auspicio del diario La Nación, la Universidad Católica Argentina a través de su Observatorio de la Deuda Social Argentina, realizó un estudio sobre la pobreza en nuestro país.
El estudio se diferencia de lo que mensualmente informa el INDEC, que contempla, básicamente, los costos mensuales de las familias para alimentarse, escolarizarse y gastos aplicados para la salud.
El estudio entrega un indicador (que no es un porcentual) denominado Índice de Pobreza Multidimensional Extrema (IPME) expresando en una escala de 0 a 100, los hogares con mayor exposición estructural a la pobreza multidimensional extrema. (https://uca.edu.ar/es/noticias/indice-de-pobreza-multidimensional-extrema-donde-es-mas-urgente-actuar).
El trabajo se realizó con valores del último Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas 2022 combinado con datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA-UCA).
Las variables intervinientes contemplan, entre otras cosas, condiciones materiales de la vivienda e infraestructura del hogar, incluyendo indicadores de déficit estructural y de servicios básicos.
Composición sociodemográfica y estructura del hogar, que captura la presencia de integrantes económicamente dependientes y aspectos de la organización familiar.
Accesos educativos del hogar, reflejando restricciones en el acceso a la educación de las infancias y adolescencias del hogar, así como indicadores vinculados al capital educativo del hogar. Y acceso al empleo de la persona de referencia del hogar.
Las zonas más desprotegidas se ubican en las provincias del Noreste (Formosa, Chaco, Misiones y Corrientes) y las del Noroeste (La Rioja, Catamarca, Salta, Tucumán y Jujuy).
El valor más alto de vulnerabilidad se da en la localidad de Ramón Lista, en la provincia de Formosa, con un índice 62,8, mientras que el valor de menor riesgo se encuentra en la CABA, Comuna 2, es decir el barrio porteño de Recoleta con un índice de 15,7.
En nuestra provincia, sus partidos se encuentran mayoritariamente en el rango ubicado entre 20 y 30, aunque algunas localidades caen en el rango de 30 a 40, como Villarino 34.2; 25 de Mayo 30.1; y Las Flores 30.4. La localidad con menor índice es Saavedra con 24.9. En el Gran Buenos Aires, el índice más bajo se da en Vicente López (22.3) y el índice más alto es el de Presidente Perón con 40.8, lo cual se asemeja a los valores del NEA y NOA.
Saladillo está muy próximo al cambio de rango (30 a 40), así que no es para ponerse demasiado feliz.
Las cuestiones referidas a la infraestructura, es la causal de los altos índices. Muchas de ellas son ajenas a las posibilidades de los municipios; por ejemplo, la irresoluta cuestión de los desagües cloacales en Saladillo.
Pero seguramente habrá cosas por planificar y ejecutar, sobre todo, en el caso de la vivienda que parece ser un nudo importante del problema.
Al igual que los Therian, a veces nos percibimos de otras formas y descreemos de estos índices. Sin embargo, cuando la realidad nos muestra que, ante la posibilidad de acceder a una de 13 viviendas disponibles, se inscriben más de 850 postulantes, deberíamos pensar que el índice no está errado.
En el plano nacional, se habla de súper inversiones para montar centros de datos en la Patagonia, o el efecto de la IA sobre el trabajo, lo redituable de la minería, lo generoso que resultara la producción de energía, mientras tanto, en Formosa los niños deben salir a cazar y pescar para poder comer.
La situación no es nueva, nadie se ha ocupado en los últimos 25 años de resolver estos problemas. Lo que sí parece nuevo, en mi apreciación, es el deseo de algunos para obligarnos a no ver estas realidades.
Entonces, hablamos de Smart City o IA como las panaceas a perseguir en nuestras vidas contemporáneas.
Quizás muchos crean que una Ciudad Inteligente (Smart City) se da cuando las administraciones y decisiones de los gobiernos, se basan en el uso de tecnología de la información, lo cual no es verdad.
Las ciudades inteligentes toman esa denominación cuando son sostenible y sustentables, en un montón de parámetros que incluyen la educación, la salud, la vivienda y el trabajo, entre otros.












