Por Carlos Antonio Gorosito – Ex Intendente de Saladillo

Todos sabemos que el presidente Javier Milei se ufanaba de golpear un muñeco con la cara del ex presidente Raúl Alfonsín, a quien además insultaba con frecuencia.
Decía Milei que su mejor terapia para descargarse emocionalmente era pegarle al muñeco que era la representación del ex presidente. Ha insultado a la actual senadora Patricia Bullrich, quien después le rindió pleitesía como ministra de Seguridad.
Insulta a periodistas, políticos, artistas, empresarios a todo el mundo… Hasta llegó a insultar al Papa Francisco. No me equivoco al calificarlo como un insultador serial. Las pruebas están a la vista, no admite discusión alguna.
Un presidente de cualquier Nación puede ir a otro país y apoyar a un candidato a presidente cercano a sus ideas. Lo que nunca debe hacer es agraviar e insultar al Jefe de Estado del país que visita.
En estos días, al participar de un acto partidario de la derecha brasilera, insultó al presidente Luis Ignacio “Lula” Da Silva.
Milei ha demostrado que no está a la altura de la investidura que representa. Es de lengua fácil, como el Presidente de los EEUU. No es de extrañar, porque es un lamebotas de Donald Trump.
Milei insulta al Presidente de un país hermano con el que, más allá de algunas vicisitudes en nuestras relaciones diplomáticas, mantenemos una buena relación de dos siglos.
Brasil es el principal destinario de los productos argentinos. Luego están la Unión Europea, China y EEUU.
En lo que hace a las importaciones, Brasil es el proveedor número uno de la Argentina, después vienen China y EEUU. Es decir que Brasil es el principal socio comercial de nuestro país.
No siempre los presidentes de los países de la región tienen la misma ideología política y la misma visión de cómo resolver los problemas de sus respectivos países.
Se puede disentir respetando un nivel de discusión que nos lleve a defender nuestras ideas con pasión, pero sin incurrir en el agravio.
Estimo que el arco político argentino en su conjunto debe repudiar las declaraciones de nuestro Presidente, que son impropias de su alta investidura y, además, lesionan nuestra relación con Brasil.
El respeto regional está por encima del sectarismo ideológico. El insulto de nuestro Presidente al de Brasil no representa al pueblo argentino ni honra la democracia.












