Por Carlos Antonio Gorosito – Ex Intendente de Saladillo
Calles, avenidas, monumentos, establecimientos educativos e instituciones de diversa naturaleza, dos ciudades –una en Misiones y otra en la provincia de Buenos Aires– llevan el nombre de Leandro N. Alem, el fundador de la UCR, el partido político más antiguo de América Latina y de la Argentina.
Sin embargo, muy pocos saben en la actualidad cuál fue el rol de Alem en la historia de nuestro país. Sólo algunos dirigentes de la UCR y de la Juventud Radical, o tal vez no los suficientes como para difundir con intensidad el ideario radical en la sociedad.
Quizás sea demasiado temeraria mi afirmación. Pero si tuviéramos conciencia plena de lo que significó Alem, no existirían radicales que quieran empujar al partido hacia una filosofía política distinta a la que expresara el fundador de la UCR. Cuando Alem dice que el radicalismo es la “la causa de los desposeídos”, está señalando cuál debe ser su identidad.
El abogado constitucionalista Prof. Dr. Germán Bidart Campos, hablaba de las cláusulas pétreas de la Constitución Nacional; es decir, lo que no podrá ser suprimido de la misma, como por ejemplo: la democracia y el federalismo como forma de Estado y la forma republicana de gobierno.
Indudablemente, uno de los contenidos pétreos del radicalismo es estar siempre del lado de los más desprotegidos de la sociedad; es decir, nuestra causa tiene que seguir siendo siempre la “causa de los desposeídos”. Esa debe ser la filosofía permanente de la UCR, obviamente adaptada a las necesidades de la Argentina del Siglo XXI.
Siempre surgen nuevas necesidades y nuevos derechos, las sociedades son dinámicas y la Argentina lo es, no se ha quedado cristalizada en el tiempo.
Hoy implica defender la educación y la salud pública, la ciencia y la tecnología al servicio del desarrollo del país. Defender la obra pública como instrumento del desarrollo y crecimiento de nuestras comunidades. Defender el diálogo civilizado entre las fuerzas políticas del país para buscar los comunes denominadores que nos pueda llevar a resolver problemas, que ya son dramas y que llevan décadas en nuestra Patria y que, por lo tanto, se han convertido crónicos como: la pobreza, la inflación, la corrupción, el empleo informal, pensiones y jubilaciones de miseria, falta de programas de viviendas públicas, entre otros tantos. Defender el rol del Estado como regulador entre los poderosos y los débiles, para ello hemos repetido reiteradamente la frase de Willy Brandt: “Tanto Estado como sea necesario y tanto mercado como sea posible”. Y naturalmente que la economía debe estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de la economía, debe ser siempre el rol de la UCR.
En el mitin del Frontón el 13 de abril de 1890, tras la declaración del primer default por el gobierno de Miguel Juárez Celman, Leandro N. Alem dijo: “¿Qué hacen estos sabios economistas? Muy sabios en la economía privada para enriquecerse ellos; en cuanto a las finanzas públicas, ya veis la desastrosa situación a la que nos han traído. Es inútil, no nos salvaremos con proyectos, ni con cambios de ministros; y expresándome con una frase vulgar, “esto no tiene vuelta”. No hay, no puede haber buenas finanzas donde no hay buena política. Buena política quiere decir respeto a los derechos; buena política quiere decir aplicación recta y correcta de las rentas públicas; buena política quiere decir protección a las industrias útiles y no especulación aventurera para que ganen los parásitos del poder; buena política quiere decir exclusión de favoritos y de emisiones clandestinas. Pero para hacer esta buena política se necesita grandes móviles; se necesita buena fe, honradez, buenos ideales; se necesita, en una palabra, patriotismo. Pero con patriotismo se puede salir con la frente altiva, con la estimación de los conciudadanos con la conciencia pura, limpia y tranquila, pero también con los bolsillos livianos…”.
Alem había fundado la UCR el 26 de julio de 1891, cinco años después quizás agobiado por las adversidades de su tiempo decidió suicidarse. Fue hace 129, un día como hoy, el 1° de julio de 1896.
Lamento mucho el suicidio de Alem. Pudo haber seguido aportando mucho al país, además de la creación de la UCR. Pero más lamento que muchos radicales no hayamos sido capaces de difundir el pensamiento de Alem. Si lo hubiésemos hecho con claridad, hoy no estaríamos discutiendo dónde debe estar políticamente la UCR, porque hubiésemos tenido en claro que nuestra causa por siempre es la causa de los desposeídos.
Leandro N. Alem, que nació en Buenos Aires el 11 de marzo de 1842, y que encabezó en 1890 la Revolución del Parque por las libertades públicas, por la justicia social y para que el pueblo pudiera votar libremente, rebelándose en consecuencia contra el régimen imperante, cuando algunos que los acompañaron en esa gesta cívica quisieron transar el gobierno o el régimen de ese entonces, dijo categóricamente: “Qué se rompa, pero que no se doble”.
Con ese lema, nació la UCR. Le tocó luego a Alem vivir circunstancias personales y políticas muy difíciles y entonces cansado, enfermo y deprimido tomó una trágica decisión: el 1° de julio de 1896 se quitó la vida de un tiro.
Hoy recordamos entonces un nuevo aniversario de su fallecimiento. Yo empecé a militar hace más de cinco décadas siguiendo los principios rectores de Leandro Alem.
Hoy, lamentablemente, podemos ver que los más jóvenes no saben nada o muy poco sobre Yrigoyen y también sobre Alfonsín, porque si lo supiéramos muchos de los que militan en el radicalismo o se dicen radicales, no estarían dispuestos a asumir y respaldar programas de derecha e incluso de ultraderecha.
Debe ser responsabilidad de la dirigencia de la UCR asumir y encarnar el pensamiento de Alem y transmitirlo actualizado a los tiempos a las nuevas generaciones.
Por mi parte, modestamente, y con mis limitaciones, trataré de recordar siempre y difundir que Leandro N. Alem, a quien hoy recordamos, quiso que la UCR fuera “la causa de los desposeídos”, aunque en estos momentos signifique predicar en el desierto.
Los radicales debemos honrar a Alem siempre, difundiendo su pensamiento y de los otros próceres del partido. Caso contrario, nos vamos a quedar sin radicales y eso no es bueno para la salud democrática de nuestro país.
Nota: El texto es idéntico al que he publicado el 1° de julio de 2025. Lo reitero hoy porque lo considero aún vigente.














