A 30 años de su fallecimiento, el recuerdo de Félix Gregorio “Felo” Iparraguirre continúa presente en Saladillo. Su historia está ligada al trabajo, al esfuerzo, a Casa Felo y, especialmente, a su permanente compromiso y colaboración con las instituciones de la ciudad.
Hay personas que dejan una huella que el paso del tiempo no consigue borrar. Félix Gregorio “Felo” Iparraguirre fue una de ellas.
A 30 años de su fallecimiento, ocurrido el 17 de agosto de 1996, su nombre continúa siendo reconocido por distintas generaciones de saladillenses. Su historia forma parte de la identidad de una ciudad a la que dedicó gran parte de su vida, no solamente desde su actividad comercial, sino también desde un profundo compromiso con las instituciones y con quienes necesitaban una mano.

Felo nació el 28 de noviembre de 1913 en Saladillo. Fue el mayor de ocho hermanos y desde muy joven conoció el esfuerzo y la responsabilidad. A los 12 años, tras el fallecimiento de su padre, tuvo que asumir responsabilidades laborales y comenzar a forjar, con mucho sacrificio, el camino que marcaría toda su vida.
Trabajó en distintos comercios de la época, entre ellos Casa Balleto, La Platense y Blanco y Negro. En este último tuvo, entre otras tareas, la responsabilidad de manejar una de las primeras bicicletas de reparto de Saladillo y también se desempeñó como cajero. Incluso tuvo la posibilidad de hacerse cargo de una sucursal en Coronel Pringles, propuesta que decidió no aceptar.
Pero su espíritu emprendedor lo llevaría a construir su propio camino.

Casa Felo, una historia que comenzó en 1940
El 5 de agosto de 1940 nació Casa Felo, el comercio que se convertiría en una parte inseparable de la historia familiar y comercial de Saladillo.
El primer local estuvo ubicado en avenida Moreno 725, entre Mitre y Sarmiento. Desde allí, con esfuerzo, trabajo y una enorme vocación comercial, Felo fue construyendo y haciendo crecer su negocio.
Casa Felo no fue solamente una tienda. Fue también un punto de encuentro para generaciones de saladillenses y una empresa familiar que logró atravesar las décadas.
Felo entendía el comercio desde una concepción muy particular: trabajar, cumplir con la palabra, conocer a sus clientes y construir vínculos. Su manera de hacer las cosas hizo que el nombre de Casa Felo trascendiera lo estrictamente comercial.
Hoy, 86 años después de aquella fundación, Casa Felo continúa en pie y forma parte del patrimonio afectivo y comercial de Saladillo.
En esa historia también ocupa un lugar fundamental su hijo, Carlos Alberto Iparraguirre, quien comenzó a trabajar en el negocio en 1960, cuando tenía apenas 12 años, y que en 2026 cumple 66 años de trayectoria dentro de Casa Felo.
Así, la historia de la familia Iparraguirre quedó profundamente ligada a la historia comercial de Saladillo.

Un comerciante comprometido con su comunidad
Pero hablar de Felo solamente como comerciante sería contar apenas una parte de su historia.
Una de las características que más recuerdan quienes lo conocieron fue su permanente predisposición para colaborar.
Felo fue un hombre que entendió que una ciudad también se construye desde las instituciones y que, detrás de cada club, cada equipo y cada actividad, había personas que trabajaban y soñaban por Saladillo.
Por eso acompañó durante años a numerosas instituciones y disciplinas deportivas.
Su colaboración alcanzó a clubes como Huracán, Colegiales, Club Jujuy, El Globito y La Unión, además de la Liga de Fútbol y distintos equipos y representantes de fútbol, básquet, ciclismo, atletismo, boxeo y automovilismo.
Su ayuda muchas veces no buscaba reconocimiento. Era parte de su manera de ser.
Allí donde había una institución que necesitara una colaboración, un equipo que debía afrontar un gasto, una actividad que necesitara apoyo o un proyecto que requería una mano, aparecía Felo.
Por eso su nombre quedó asociado a una enorme cantidad de instituciones y dirigentes deportivos que todavía hoy lo recuerdan con cariño.

Vida política
Su compromiso con la comunidad no se limitó al ámbito comercial y deportivo.
Felo también tuvo participación en la vida política de Saladillo. Fue afiliado y colaborador del Partido Socialista, y también colaboró con la Unión Cívica Radical.
Más allá de las pertenencias partidarias, lo que caracterizó su participación fue la voluntad de involucrarse y aportar a la comunidad.
Era un hombre de acción, de trabajo y de compromiso. No necesitaba ocupar un cargo para participar. Su manera de hacer política y de relacionarse con la comunidad estaba vinculada fundamentalmente con la colaboración y el acompañamiento.

El recuerdo que permanece
Quizás las nuevas generaciones no tuvieron la oportunidad de conocerlo. Sin embargo, basta conversar con saladillenses de 50, 60, 70 u 80 años para que aparezca alguna historia relacionada con el querido Felo.
Hay algo particularmente significativo en ese recuerdo: quienes lo conocieron hablan de él con afecto y respeto.
Su honestidad, su generosidad, su capacidad de trabajo, su espíritu luchador y, fundamentalmente, su predisposición para colaborar son algunas de las características que más se repiten.
Y hay una anécdota que resume de alguna manera la dimensión que alcanzó su nombre.
Su nieto Carlos cuenta que muchas veces, cuando se presenta simplemente como Carlos Iparraguirre, hay quienes no lo reconocen. Pero alcanza con decir que es “el nieto de Felo” o “el nieto de Casa Felo” para que inmediatamente sepan de quién se trata.
Eso habla de un legado que va mucho más allá de un apellido.
Habla de una persona que logró construir, a través de décadas de trabajo y compromiso, un lugar en la memoria colectiva de Saladillo.

El verdadero legado
Felo no tuvo un título universitario. Pero construyó otros títulos a lo largo de su vida: el título del trabajo, del esfuerzo, de la lucha, de la honestidad, del compromiso y de la solidaridad.
Fundó una empresa que sobrevivió a generaciones.
Formó una familia que continuó su camino.

Acompañó a instituciones.
Colaboró con deportistas.
Participó de la vida comunitaria y política.
Y, sobre todo, dejó una imagen que permanece intacta entre quienes tuvieron la posibilidad de conocerlo.
Treinta años después de su partida, Saladillo todavía reconoce a Felo.

Su historia está en Casa Felo, en las instituciones que ayudó, en las personas que acompañó, en las anécdotas de quienes lo conocieron y en el orgullo de sus hijos, nietos y toda su familia.
Porque hay legados que no necesitan monumentos.
Se mantienen vivos en la memoria de la gente.
Y el de Felo Iparraguirre, después de 30 años, sigue vivo.
Abrazo al cielo, abuelo querido.
Las imágenes que acompañan esta nota reflejan algunos de los tantos momentos y acontecimientos en los que Felo estuvo presente, colaborando y acompañando a las instituciones y a la comunidad de Saladillo.
Carlos Félix Iparraguirre
Saladillo







