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La historia dormida de Carlos Abel Linazza, el saladillense que conquistó la primera Copa Libertadores de América

Por Raúl Ortalli

Existe un capítulo dorado, casi desconocido por las nuevas generaciones, en el árbol genealógico del deporte local. Una historia que permaneció injustamente dormida en el arcón de los recuerdos y que hoy vuelve a salir a la luz: la de Carlos Abel Linazza, el primerísimo atleta nacido en la tierra de Saladillo en romper moldes, cruzar fronteras y alcanzar la gloria continental absoluta.

Para la memoria colectiva de nuestra ciudad, el máximo referente de la gloria futbolística internacional es, con total justicia, nuestro querido Julio Jorge “El Vasco” Olarticoechea por su gesta en México ‘86.

Sin embargo, las páginas del fútbol exigen un acto de estricta precisión cronológica: un cuarto de siglo antes del “Vasco”, Carlos Abel Linazza ya se había convertido en el pionero absoluto del deporte saladillense a nivel mundial.

Los inicios de un crack

Nacido en nuestras calles el 29 de septiembre de 1933, Linazza forjó su talento en el potrero y el esfuerzo antes de sumarse a las divisiones inferiores de Estudiantes de La Plata. Su carácter batallador y su fina técnica como interior derecho y delantero se pulieron en el exigente fútbol de ascenso argentino, vistiendo las camisetas de All Boys en 1954 y Quilmes en 1955.

Su jerarquía pronto le quedó chica a los límites nacionales. Emigró a Perú para defender los colores del Centro Iqueño entre 1956 y 1959. En tierras peruanas, su despliegue inteligente y su olfato goleador encendieron las alarmas de los verdaderos gigantes de América.

En la cima del continente: el Peñarol de los milagros

A comienzos de 1960, el destino lo llevó a Montevideo para sumarse al club que lo transformaría en leyenda: el Club Atlético Peñarol. Su carta de presentación fue inmejorable: anotó un gol clave en la final clásica frente a Nacional, dándole el título local a su equipo y el boleto para estrenar un torneo que cambiaría el fútbol para siempre: la primera Copa Libertadores de América.

Linazza no fue un testigo secundario de aquella mítica campaña; fue un protagonista directo y titular inamovible de un plantel que hoy es leyenda mundial, compartiendo cancha con mitos de la talla de Alberto Spencer y Luis Cubilla.

El saladillense dejó su huella grabada a fuego en ese torneo invicto al anotar el primer gol en la semifinal de ida ante San Lorenzo, abriendo el camino hacia la gran final contra Olimpia de Paraguay, donde marcó el gol del empate en el partido de vuelta que lo consagrarían como los primeros campeones de América de la historia.

Su excelso palmarés con la camiseta “aurinegra” incluyó:

*Copa Libertadores de América: 1960

(Primer campeón de la historia).

*Campeonato Uruguayo de Primera División: Triplete consecutivo (1959, 1960 y 1961).

*Finalista del Mundo: Disputó la primera Copa Intercontinental frente al Real Madrid de Alfredo Di Stéfano.

Tras su glorioso paso por Uruguay, su categoría lo llevó a desplegar su juego en la Unión Española de Chile, el Club León de México y finalmente en Danubio. Una vez retirado de las canchas, se radicó definitivamente en suelo uruguayo hasta su partida física el 1 de diciembre de 2007.

El rescate de la memoria

El reencuentro de nuestra comunidad con esta gloria dormida no es obra de la casualidad, sino de la sensibilidad vecinal. Fue Miguel Ortalli, un ferviente amante del fútbol de nuestra ciudad, quien investigó, desenterró los archivos y trajo nuevamente al presente la existencia de este personaje inmenso.

Gracias a esa inquietud por cuidar nuestra identidad, Saladillo redescubre hoy a su gran pionero, aquel pibe de nuestras calles que mucho antes de la globalización del deporte cruzó el continente y tocó el cielo con las manos con la mítica camiseta de bastones amarillos y negros.

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