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“Hace 60 años castigaban a la universidad con bastones largos, hoy la castigan quitándole presupuesto”

Por Carlos Antonio Gorosito – Ex Intendente de Saladillo

El 28 de junio de 1966, un golpe cívico militar encabezado por el general Juan Carlos Onganía derrocó al gobierno del presidente Dr. Arturo Illia, que en 1965 destinaba el 23% del presupuesto nacional a educación.

Las universidades fueron intervenidas por la dictadura, entre ellas la de Buenos Aires. El Consejo Superior de la UBA fue la única institución civil que se pronunció en contra del golpe de estado, además de la UCR.

Los estudiantes, profesores y autoridades resistieron la intervención tomando las aulas.

El 29 de julio de 1966, un mes después del golpe, la dictadura envió a la policía a destruir laboratorios, bibliotecas y materiales valiosos de estudio. Además del saldo de heridos por los violentos palazos, hubo 400 detenidos, entre autoridades universitarias, docentes, alumnos y graduados.

Muchos de ellos fueron golpeados con bastones, mientras los hacían circular en una doble fila compuesta por soldados. De hecho, varios recibieron fuertes impactos en la cabeza, al punto de que quedaron ensangrentados.

En el caso de la Facultad de Ciencias Exactas, Rolando García (un científico argentino referente en la historia de la ciencia en la Argentina, nacido en Azul, provincia de Buenos Aires), era el decano en ese entonces. Se hallaba con el vicedecano, Manuel Sadosky, cuando entraron los policías, y salió a recibirlos, diciéndole al oficial que dirigía el operativo: “¿Cómo se atreve a cometer este atropello? Todavía soy el decano de esta casa de estudios”. Un corpulento custodio le golpeó entonces la cabeza con su bastón. El decano se levantó con sangre sobre la cara, y repitió sus palabras: el corpulento repitió el bastonazo por toda respuesta.

La científica Sara Rietti fue la primera química nuclear de Argentina y estaba al lado del Decano de la Facultad. “La Noche de los Bastones Largos”, dijo año después en una nota periodística: “Los militares le tenían un odio feroz a Exactas. Por eso, primero la intervinieron en La Noche de los Bastones Largos y, diez años más tarde, la terminaron de liquidar con una topadora y, junto con ella, derribaron la universidad de excelencia de los años ‘60, la de los años de oro, que había colocado a la investigación científica en el primer plano internacional”.

La periodista Laura Di Marco le repregunta en una nota publicada en el diario La Nación el 10 de septiembre de 2010: ¿Y por qué esa saña de los militares contra Exactas? Y la científica Sara Rietti responde: “Porque creían que allí había un nido de subversivos o algo semejante. Y lo que en realidad había era un grupo de científicos brillantes, que no eran meros bichos de laboratorio, sino que estaban preocupados por conectar la ciencia y la tecnología con un modelo de desarrollo de país. Prueba de ello es que muchos, como César (Milstein), emigraron al primer mundo y terminaron haciendo allí las contribuciones que habían comenzado acá, en la época de oro”.

La dictadura de entonces no sólo castigó a la Universidad golpeando físicamente a estudiantes, docentes y científicos, también la castigó económicamente por medio del presupuesto. Muchos debieron emigrar del país.

Que este triste recuerdo nos sirva a los argentinos para tomar fuerza y apoyar activamente a la educación, evitando que se desfinancie a la educación universitaria y que corte el apoyo a ciencia y tecnología. Debemos proteger a nuestra universidad, a la educación.

Hace 60 años se castigaba a la educación universitaria a bastonazos, hoy se la castiga restándole recursos para su funcionamiento. Quitarle recursos a la educación es siempre una tentación de los gobiernos autoritarios, tanto de los surgidos a través de un golpe o como los elegidos por el pueblo, pero que en el ejercicio del poder demuestran diariamente su autoritarismo. El futuro del país se juega en las aulas.

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