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“El rescate del radicalismo está en volver a ser yrigoyenistas”

Por Carlos Antonio Gorosito – Ex Intendente de Saladillo

Los radicales siempre debemos recordar a los próceres partidarios, que en su mayoría lo fueron también de la Patria. Julio es el mes de Yrigoyen, porque nació el día 12 de ese mes en 1852 y murió el 3 de julio de 1933.

Hoy se cumplen 174 años de su nacimiento. Su nombre completo es Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen y Alem. Fue sobrino de Leandro Alem.

Mucho se ha escrito sobre Yrigoyen y muy bien y de mejor solvencia intelectual que esté escrito. La importancia de Yrigoyen en la política argentina tiene múltiples significados.

Junto con su tío Leandro N. Alem fundó el primer partido de origen popular en la Argentina, el primero que representó a los sectores más postergados de la sociedad.

Yrigoyen fue un líder nato que no se dejó vencer por las adversidades y luchó siempre por causas justas. Como él mismo lo sostuviera, su causa es la “causa de los desposeídos”.

Lideró la primera revolución democrática del país: la revolución del voto. Yrigoyen encabezó las revoluciones radicales de 1890, 1893 y 1905, no para ocupar los gobiernos, sino para exigir que el pueblo pudiera votar libremente.

Desde la sanción de nuestra Constitución Nacional el 1° de mayo de 1853, pasaron 62 años para que el pueblo pudiera votar libremente.

Yrigoyen y los radicales le arrancaron al régimen gobernante la ley del voto secreto, obligatorio y universal masculino, mediante una ley sancionada durante la presidencia del Dr. Roque Sáenz Peña. Se la conoce como Ley Sáenz Peña, pero debemos llamarla Ley Yrigoyen. Fue su lucha la que logró el voto secreto. Fue una revolución democrática en la Argentina.

El 2 de abril de 1916, se realizaron libremente las primeras elecciones generales en el país y triunfó la UCR con la fórmula Hipólito Yrigoyen -Pelagio Baltasar Luna, un abogado riojano comprometido con la causa que representaba a la UCR.

Yrigoyen tenía como programa fundamental poner en práctica la Constitucional Nacional, además de impulsar políticas en defensa de los sectores más postergados de la sociedad: promover la educación pública y la industria nacional.

Quienes estén interesados en la obra de gobierno del gran republicano, encontrarán abundante bibliografía para informarse al respecto.

Yrigoyen dijo de sus gobiernos: “Nosotros no vinimos a vengar los daños producidos a la Nación, sino a repararlos”. Y Alfonsín escribió: “Yrigoyen fue consciente de que sólo había accedido a una parcela del poder y que el Congreso Nacional y el Poder Judicial eran reductos de la oligarquía”.

Los grupos de privilegio no le dejaron concretar a Yrigoyen la gran obra transformadora del país iniciada en 1916 y continuada en gran parte por su sucesor el Dr. Marcelo T. de Alvear, en el período 1922-1928.

En 1928 fue elegido Yrigoyen por segunda vez como presidente de la Nación por una mayoría abrumadora. Obtuvo el 61,42% de los votos.

Yrigoyen sería derrocado por un golpe cívico militar el 6 de septiembre de 1930. Tuvieron que pasar después 53 años para que un radical llegara a presidente de la Nación en elecciones libres y sin proscripciones y fue el 30 de octubre de 1983, bajo el liderazgo del Dr. Raúl Alfonsín.

Luchar por la justicia social en el país debe ser la finalidad de la UCR. No debe haber circunstancia alguna que nos haga renunciar a tan sagrado objetivo.

Para los radicales, el gobierno no debe ser un fin en sí mismo, sino un medio para lograr la justicia social en el país. Quienes creemos en los principios yrigoyeneanos, debemos seguir luchando por las banderas históricas de la UCR, adaptadas a los tiempos y que vivimos no sean arriadas jamás.

La lucha debe estar dada para que el radicalismo represente sus ideas históricas y no las ideas autoritarias-conservadoras que nos quieren imponer los que usan las siglas del partido con objetivos subalternos. El rescate del radicalismo está en volver a ser yrigoyenistas.

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