Por Carlos Antonio Gorosito – Ex Intendente de Saladillo
Este 11 de marzo, recordamos el 144° aniversario del nacimiento del fundador de la UCR, el Dr. Leandro N. Alem, nacido en el barrio porteño de Balvanera en 1842.
Ochenta y cinco años después –el 27 de marzo de 1927–, nació en la ciudad de Chascomús el Dr. Raúl Ricardo Alfonsín, un prócer contemporáneo no sólo del radicalismo, sino de nuestra Patria.
Si bien es cierto que todas las conquistas populares son producto de la lucha colectiva, el Dr. Raúl Alfonsín –un militante político de toda la vida–fue la principal figura política que encabezó la resistencia activa a la dictadura cívico militar instalada hace 50 años en nuestro país.
Nunca propició la violencia política. Su lucha fue con la pluma, la palabra, la organización política, la defensa de los derechos humanos y civiles y, naturalmente, del patrimonio nacional.

Cuando la dictadura cívico militar se vio obligada, después de la gesta de Malvinas, a convocar al pueblo a las urnas que el general Leopoldo Fortunato Galtieri había dicho que “estaban bien guardadas”, el pueblo argentino mayoritariamente visualizó en la figura del Dr. Raúl Ricardo Alfonsín al hombre de la “esperanza”, aquel que sintetizaba todas las aspiraciones de un pueblo sometido y vejado en sus derechos.
En las históricas elecciones del 30 de octubre, lo eligió como el primer presidente de la democracia recuperada. Podemos decir entonces que el Dr. Raúl Alfonsín es el hombre que nos devolvió la democracia; o sea, la posibilidad a los argentinos de poder elegir nuestros representantes.
En las circunstancias actuales, y ante la mediocridad de una dirigencia política partidaria y nacional (en que en escala estamos muchos incluidos), su figura se agiganta día a día desde lo político y desde lo humano.
Naturalmente, habrá tenido equivocaciones en el ejercicio del gobierno. Está en la condición humana misma. Pero Raúl Alfonsín nunca traicionó al pueblo, ni al ideario radical.
El Dr. Leandro N. Alem es uno de los padres fundadores del partido. Con el liderazgo del Dr. Hipólito Yrigoyen, el pueblo llegó por primera vez al gobierno en 1916 por medio del voto secreto, obligatorio y universal masculino.
Habían pasado más de 60 años de la sanción de la Constitución de 1853, cuando el pueblo pudo votar libremente.
La democracia duró sólo 14 años porque el golpe cívico militar del 6 de septiembre de 1930 derrocó a Yrigoyen. Tuvieron que pasar 53 años para que el pueblo recuperara la democracia nuevamente y fue bajo el liderazgo político del Dr. Raúl Alfonsín en 1983.
Llevando ya 43 años de democracia ininterrumpida, fue Alfonsín el que encabezó esa epopeya. Por acuerdo tácito del pueblo es llamado el Padre de la Democracia Recuperada.
Al Padre de la Democracia le debemos que los argentinos podamos votar periódicamente. “Sigan a ideas, no sigan a hombres fue mi mensaje a los jóvenes. Los hombres pasan, las ideas quedan y se transforman en antorchas que mantienen viva a la política democrática.” Eso nos enseñó Raúl Alfonsín y eso es lo que debemos hacer.
Debemos seguir las ideas que sembraron los padres del radicalismo y que Alfonsín rescató y llevó a la práctica. Debemos yrigoyenizar y alfonsinizar al radicalismo para que radicalismo sirva a la sociedad en su conjunto, con una opción preferencial por los que menos tienen y para que ningún radical sienta la tentación de pasarse al campo del anti pueblo.












