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Interés General

“¡Salud, Alfonso! Tu alegría se queda acá”

Alfonso “El Alfon” Ascencio Acquaviva (1944-2026) decidió a los 82 años que ya había compartido suficientes encuentros entre amigos y se mudó a la mesa de arriba.

Allá se encontrará con su amada esposa Alicia y a su hija Ana, su madre y su suegra Zulema, quienes también lo han esperado. Ahí seguro el vino es libre de controles de alcoholemia y los partidos de fútbol no tienen fuera de juego.

No le gustaba la solemnidad. Por eso, dejó prohibidos los rostros largos. Se fue un auténtico militante del disfrute, las salidas y las charlas eternas. Alfonso no acumuló fortunas materiales.

En su lugar, prefirió coleccionar ágapes interminables, abrazos apretados de gol y anécdotas que nos contamos y nos sacaran una sonrisa.

Su vida se repartió feliz entre las mesas del Club Social de Saladillo, sus bares favoritos y esos restaurantes donde ya era de la casa. Logró algo hermoso y difícil: unir a amigos de todas las edades, épocas y procedencias en una misma mesa.

Dejó una lista tan gigantesca de conocidos que resulta imposible recordar todos sus nombres, pero cada uno de ellos guarda una sonrisa con su firma.

Su última salida no es una despedida, sino una mudanza al Club Social de los afiliados eternos.

Lo despiden con el alma sus hijos Diego y Agustín, sus nueras Flora y Tamara, sus nietos Anka y Sento. Su cuñado Jorge y esa enorme banda de amigos que hoy levanta la copa por él. ¡Salud, Alfonso! Tu alegría se queda acá.

Familia de Alfonso Ascencio Acquaviva

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