Nelson Di Battista y Dora Casella son una pareja encantadora. Hace casi 7 décadas que están juntos y llevan 50 años atendiendo Pelado Sport, la tradicional tienda de Saladillo ubicada en la esquina Roca y Almafuerte.
¿Cómo empezó todo, Nelson?
Yo era empleado de una casa muy grande en Saladillo, que se llamaba El Rey de los Precios. La gente la debe recordar, porque era una tienda que estaba haciendo cruz con el Hotel Saladillo. Los sueldos eran exiguos y con Dorita ya teníamos dos hijas. Mi padre también estaba en casa con nosotros. En fin, no alcanzaba. Había que buscar alguna otra cosa para mejorar el ingreso y progresar. Es así cómo surgió la posibilidad de poner un negocio.
¿En esta misma esquina donde están hoy?
Exactamente. En esta propiedad, me crié. Con un amigo albañil, hicimos un local precario. Empezamos con una mercería, que estaba a cargo de mi esposa. Vendíamos chucherías.
¿Dejaste el empleo?
Al principio, no. Hice un trato con mis patrones, para que, en vez del sueldo, me pagaran con mercadería al costo. Teníamos buenos precios en la mercería. Todas las noches miraba la caja y veía que la cosa podía funcionar. Así que un día me decidí y mandé el telegrama de renuncia. Por supuesto, todo en muy buenos términos. De hecho, seguimos siendo amigos.
Dorita, ¿cómo fueron esos inicios?
Difíciles. Nelson me traía mercadería en una cajita, que era lo que representaba el sueldo prácticamente… Recuerdo que en los estantes poníamos cajas vacías, para llenar el negocio. De a poquito, fuimos mejorando. Yo atendía a mis dos nenas y a mi suegro, y Nelson se la pasaba en el negocio.
¿Cuándo arrancaron con venta de ropa?
Nelson: Al poco tiempo. Por suerte, nos fue bien… Hace unos años, sacamos la parte de niños y nos quedamos con ropa de adultos. Y también dejamos la mercería.
¿Siempre fue mercería y venta de ropa? ¿No intentaron incorporar algún otro rubro, como el calzado?
Nelson: No. Tuvimos la oportunidad de parte de unos amigos que me ofrecieron (vender calzado), pero nunca me gustó.

Por lo que observamos, tuvieron que ampliar el local
Nelson: Sí, sí. Tiramos una pared y agrandamos hacia lo que era una pieza donde yo dormía cuando era soltero. Fue todo sacrificio.
¿Y el trato con los proveedores?
Nelson: Trabajamos con proveedores de hace muchos años. Algunos ya son nietos de aquellos con los que empezamos. Eso sí, me sigo manejando de la misma manera que siempre. En ese sentido, no me he modernizado. Ni celular tengo (risas). Hago los pedidos desde el teléfono fijo y al otro día están acá.
¿Cuál es la receta para mantenerse tantos años?
Dorita: La gente. Los clientes son los que nos ayudaron a sostenernos. Tuvimos dos meses cerrados porque Nelson sufrió un infarto y la gente siempre estuvo al tanto. Nos extrañábamos.
Nelson: Los clientes son todos importantes, desde el que viene a comprar dos vaqueros hasta el que viene por un botón. Hay que atender a todos por igual.
El trato con la gente es importantísimo. En 50 años, nunca se me fue un cliente. Eso es primordial. Si no tenés buena onda con el cliente, no sirve. Son muchas horas en el mostrador. A veces te duele una muela o la cabeza, pero el cliente no se tiene que enterar. Creo que eso es parte del secreto de mantenernos 50 años.
Y hablando de salud, ¿cómo estás ahora Nelson?
Gracias a Dios, bien. El lunes pasado terminaron de colocarme el último stent. Estoy bien y puedo seguir trabajando. Podía haberme quedado en la cama, pero esto me encanta. Es mi vida.

Muchas horas frente al mostrador, indudablemente. Pero, aunque sea por un ratito, siempre hubo tiempo para la pesca, ¿no?
Dorita: Sí, cómo que no (risas). Los fines de semana nos íbamos con el perrito.
Nelson: Siempre me gustó la pesca y la tomé como un deporte. Pero todo ha cambiado. Hoy hacés un concurso y no te va nadie, a excepción de que pongas premios en dinero. Antes ibas por la medalla o el trofeo.
Nelson, es indudable que fuiste uno de los pioneros del Club de Pesca
Sí, fui socio fundador y dos veces presidente. Lo amo al Club. Me quitaba tiempo al trabajo, pero lo hacía con gusto. Hubo gente que hizo mucho por la institución y por el camping (de la laguna Indio Muerto), como Gabrieloni. Fue el precursor, el que le dio el puntapié inicial. Me llevaba a la rastra a poner un poste. Se hizo todo a pulmón. Recuerdo que hasta que no habilitamos los baños, no cobramos entrada. Éramos 19 miembros y 15 por lo menos, todos los fines de semana, con palas o cucharas de albañil, algo íbamos a hacer.
Y ustedes dos, toda una vida juntos. ¿Cuántos años ya, contando los de noviazgo?
Dorita: 67 (risas). Toda una vida, verdaderamente. Me casé a los 19 y hoy tengo 79. Así que imaginate. Ya somos una sociedad.
Y vos Nelson, ¿cuántos acusás?
El 21 de noviembre voy a cumplir 87.
Y lo de Pelado seré curioso, ¿de dónde viene?
Me llaman así desde que nací. Me lo pusieron mis tíos.
Hoy les pregunté acerca de cuál es la receta para sostener durante 50 años un comercio. Ahora les pregunto, ¿cuál es el secreto para estar tanto tiempo juntos?
Dorita: La unidad es muy importante. Saber entenderse. Dialogar.
Nelson: Problemas hubo y habrá siempre. Lo fundamental es saber cómo superarlos.











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