Nacido en Ayacucho, ciudad perteneciente a la Diócesis de Azul, el padre Gustavo Seguí se hizo cargo en estos días de la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Saladillo, en reemplazo del presbítero Walter Kowalski.
De apellido conocido, ya que Saladillo lo supo tener como párroco al padre Jaime Seguí en los albores del siglo XX, el nuevo sacerdote ya comenzó a familiarizarse con la comunidad.
“Conozco su historia y es probable que algún vínculo parental lejano me una a él”, comentó el padre Gustavo, que fue ordenado sacerdote en 1994, hace ya 32 años.
Tras 12 años de ejercer el ministerio en Guadalajara, México, regresó a la Argentina y fue destinado por el obispo Hugo Manual Salaberry a la Parroquia de Saladillo.
La experiencia en el país azteca fue muy enriquecedora. Gustavo viajó a México por un retiro espiritual y poco antes de volver le pidieron que se quedara para reemplazar a un sacerdote que había enfermado.
Luego de 9 años, regresó a la Argentina y al cabo de un tiempo lo volvieron a enviar a México. “Es un pueblo muy católico y eso, de algún modo, muestra un contraste con relación a lo que, lamentablemente, está sucediendo con el narcotráfico. La situación es ciertamente muy triste”, expresó.
“Ahora estoy en Saladillo, una comunidad muy activa y comprometida en la fe y en lo social. Tendré mucho trabajo por delante y lo bueno es que no estoy solo. Hay muchos laicos comprometidos… Saladillo tiene unos 60 catequistas y eso me entusiasma. Me siento muy bendecido y agradecido por tener una comunidad tan activa en esa transmisión de la fe”, confió.
“Creo que gran parte de eso se debe al trabajo pastoral que llevó adelante el querido padre Antonio Gradoazo. En ese sentido, Saladillo es una comunidad muy bendecida por los sacerdotes que ha tenido. Sacerdotes íntegros, muy comprometidos”, ponderó.
El padre Gustavo Seguí aseguró que la vocación sacerdotal es una gracia que Dios les da a quienes la eligen. “Jesús dice: el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la encontrará. Esa es nuestra vida; el sacerdote no vive para sí. Dando la vida, uno la encuentra”, remarcó.
Preparándose ya para la Pascua, las actividades en Cuaresma son muchas e intensas dentro de la grey cristiana: “La celebración de la Semana Santa es la más importante del año para la Iglesia Católica. Y eso nos llena de gozo y de deseo de prepararnos para vivir el mayor acto de amor de Cristo a los hombres. Él dio su vida para salvarnos”, enfatizó.
“Siempre digo que podemos estar mejor. Como dice San Pablo: olvidando lo pasado, me lanzo hacia adelante. En la vida humana hay mucho sufrimiento y necesidad. Y pese a todo, aun sin saberlo, el hombre busca a Dios y tenemos que dar gracia por lo recibido”, sostuvo.
“La respuesta que tenemos que dar nosotros es, precisamente, ser Iglesia, ayudando a quienes más lo necesitan y predicar a Cristo. Frente a un mundo que busca una salida desesperada, nosotros tenemos una esperanza para ofrecerle: el Señor.”












