Por Carlos Antonio Gorosito – Ex Intendente de Saladillo
La Universidad Nacional de la Plata fue fundada el 12 de agosto de 1905 por el Dr. Joaquín Víctor González, quien sería su primer Presidente. De manera que, en el presente año, arribó a su 120° aniversario.
La UNLP es una Universidad emblemática en América y desde su fundación ha educado a generaciones de argentinos, americanos y también saladillenses.
La Universidad tiene una muy estrecha relación con nuestra ciudad, que empezó a consolidarse de manera intensa, calificada e ininterrumpida hace 30 años cuando la UNLP contaba con casi nueves décadas de vida al servicio de la educación de nuestra Patria.
Hay una fecha que no puedo ni debo olvidar y no la debemos olvidar los saladillenses: es el 21 de abril de 1995. Ese día firmé, en mi carácter de Intendente Municipal, un convenio marco con el entonces presidente de la UNLP, Ing. Luis Julián Lima, para traer carreras a Saladillo.
Una semana después, llegó a Saladillo el decano de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP, Dr. Julio Cesar Giannini, quien lo hizo acompañado por el secretario de dicha Facultad, el saladillense Cdor. Carlos Alberto López.
En la oportunidad, firmé un convenio para que durante ciclo lectivo 1996 se empezaran a dictar los primeros años de las carreras de la Facultad de Ciencias Económicas en nuestra ciudad.
Nace entonces en Saladillo el Centro Universitario Regional (CURS). El 6 de mayo de 1995, había firmado un convenio similar con el Rector de la Universidad de Buenos Aires, Dr. Oscar Shuberoff, para dictar en nuestra ciudad el Ciclo Básico Común que permitía acceder a todas las carreras universitarias que se dictaban en la UBA.
El lunes 12 de febrero de 1996, comenzaron a dictarse las materias de las carreras de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP en la sede del ISFD 16 Juana Manso de nuestra ciudad. Fue otro día histórico para Saladillo.
Nos convertimos en los pioneros en impulsar la descentralización universitaria en la región. Mi aspiración, nuestra aspiración era y es contar en algún momento con una Universidad en Saladillo.
El lunes 29 de diciembre, viajé a la ciudad de La Plata donde, en la sede de la Presidencia de la UNLP, me reuní con el actual presidente de la Universidad, Magister Martín López Armengol, quien estaba acompañado por el secretario de Relaciones Institucionales de esa Casa de Altos Estudios, Dr. Javier Mor Roig.
En el marco del 120° Aniversario, quise agradecerle al actual Presidente de la UNPL y en él a todos los Presidentes desde 1995 hasta la actualidad ––Ing. Luis Julián Lima (1995-1998 y 1998-2001); Dr. Alberto Ricardo Dibbern (2001-2004); Arq. Gustavo A. Azpiazu (2004-2007 y 2007-2010); Dr. Arq. Fernando A. Tauber (2010-2014); Lic. Raúl A. Perdomo (2014-2018) y Dr. Arq. Fernando A. Tauber (2018-2022)––, por el aporte que desde la UNLP le han hecho a Saladillo y la región promoviendo la descentralización universitaria.
Por lo tanto, le entregué un cuadro con la imagen del edificio histórico de la Universidad realizado por la artista plástica saladillense Valeria Di Pascuale.
Hace 120 años, con la creación de la UNLP se ponía una piedra angular para la educación universitaria de la provincia de Buenos Aires y del país y 30 años atrás, desde Saladillo, poníamos un mojón fundacional para lo que será la historia de la enseñanza universitaria en nuestra ciudad. Agradecimiento de por siempre a Universidad de La Plata por todo lo que le facilitó a Saladillo.
Nosotros, como comunidad, seguiremos luchando por nuevos y más servicios educativos para acercar la educación terciaria y universitaria a los educandos de Saladillo y la zona.
Si luchamos y no bajamos los brazos, lograremos concretar grandes objetivos.
Muchas veces, he repetido en el HCD de Saladillo y en muchos de mis discursos este fragmento del discurso pronunciado por J.V González el 18 de septiembre de 1918 en el Teatro o Argentino de La Plata, en el homenaje público que le tributó la Federación Universitaria y que en conocido como la Lección de Optimismo: “Ya veis que no soy un pesimista ni un desencantado, ni un vencido, ni un amargado por derrota ninguna, a mí no me ha derrotado nadie, aunque así hubiera sido, la derrota sólo habría conseguido hacerme más fuerte, más optimista, más idealista, porque los únicos derrotados en este mundo son los que no creen nada, los que no conciben un ideal, los que no ven más camino que el de su casa o negocio, y se desesperan y reniegan de sí mismos, de su Patria y de su Dios, si lo tienen, cada vez que le sale mal algún cálculo financiero o político de la matemática del egoísmo. ¡Trabajo va a tener el enemigo para desalojarme a mí del campo de batalla! El territorio de mi estrategia es infinito, y se puede fatigar, desconcertar, desarmar y aniquilar al adversario, obligándolo a recorrer distancias inmensurables, a combatir sin comer, sin beber, ni tomar aliento, la vida entera, y cuando se acabe la tierra, a cabalgar por los aires sobre corceles alados, si quiere perseguirme por los campos de la imaginación y del ensueño. Y después, el enemigo no puede renovar su gente, por la fuerza o por el interés, que no resisten mucho tiempo, y entonces, o se queda solo, o se pasa al amor, y es mi conquista, y se rinde con armas y bagajes a mi ejército invisible e invencible”.
A los saladillenses, no nos derrotará nadie si ponemos nuestros mejores esfuerzos individuales al servicio de los sueños colectivos.
Podemos hacer grandes cosas en materia de educación, todavía tenemos un “poquito de tiempo” para obtener el logro mayor. Se requiere actuar con rapidez, imaginación y habilidad política.















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