Por Alejandro Mariotto – Abogado y escritor
Maestra. Escritora. Poeta. Periodista. Defensora del medio ambiente. Personalidad de la Cultura. Ciudadana Distinguida de Saladillo.
Ethel Mariotto nació el 30 de noviembre de 1935 en Saladillo, hace exactamente hoy 90 años.
Segunda hija del matrimonio compuesto por Pedro Luis Valentín Mariotto y Ángeles López. Su hermano fue Rubén Mario Mariotto, primer aviador civil de Saladillo y presidente, durante una década, del Aeroclub Saladillo.
Ethel Mariotto ha tenido un vasto recorrido en el campo cultural, se recibió de maestra a los 16 años, en Lobos, y regresó a Saladillo teniendo su primer trabajo, con 17 años recién cumplidos, en la escuela donde cursó sus estudios primarios, la Escuela N°1 Domingo Faustino Sarmiento, en la cual le asignaron sexto grado, trabajando en dicho establecimiento durante dos años (1952 – 1953). Su compañera fue Aurora Cantos, a quien Ethel definió como “mi ángel tutelar”.
En 1954 la nombraron titular y pasó a desempeñarse en la Escuela N°21 Joaquín V. González del paraje La Barrancosa, época de difícil acceso al lugar por las inundaciones de ese año.
Para viajar utilizaba el tren que llegaba puntualmente en el horario de inicio de clases. En 1955, fue designada directora de la Escuela N°14 Fray Mamerto Esquiú de Álvarez de Toledo, a donde llegaba por el Ferrocarril Provincial y permanecía en dicha localidad de lunes a viernes durmiendo en la escuela.
Luego de derrocado Perón, pasó a ser maestra de grado hasta 1956. A partir de 1958, su lugar de trabajo fue la Escuela N°11 de Saladillo Norte, donde dos hermanas que eran docentes del establecimiento se convirtieron en sus entrañables amigas y compañeras de trabajo.
Ellas eran: Eva Labarta de Lalanne (quien ejercía al Dirección) y Mavel (con v) Labarta de Tocci (quien en 28 años de ejercicio de la docencia nunca faltó a clase).
La Escuela N°11 de Saladillo Norte, es la única escuela del partido de Saladillo que lleva el nombre de un país hermano de América.
Esto se debe a que cuando se estaba en el proceso de elección de un nombre para el establecimiento, la directora Eva Labarta de Lalanne propuso la denominación de República de Costa Rica, en reconocimiento a la frase del presidente de Costa Rica, José Figueres Ferrer, quien, al suprimir el ejército de ese país, el 1° de diciembre de 1948, expresó: “No quiero un ejército de soldados, sino de educadores”.
Ethel Mariotto permaneció así en la Escuela N°11 República de Costa Rica hasta su jubilación en 1980, renunciando a ascender en la carrera docente para cumplir su sueño de educar en un establecimiento de avanzada, como lo fue esa pequeña escuela rural, merced a un grupo de maestros que vivieron su propia utopía educativa.
A Ethel la fascinó Saladillo Norte porque era el campo, con alumnos hijos de los productores rurales, con una capacidad de aprendizaje bastante alta.
En 1960, se casó con Juan Beltrán Mirassou y de esa unión nacieron sus cuatro hijas, Andrea Ethel, Claudia, Ana Celia y Verónica.
En 1963, Saladillo celebró sus primeros cien años de vida y Ethel participó activamente en la Comisión de Festejos del Primer Centenario de Saladillo. En dicha ocasión, se realizó una convocatoria a los poetas bonaerenses para participar del Certamen Provincial de Poesía.
El primer premio lo ganó Luis Ricardo Furlán, con una égloga muy bien elaborada. Ethel obtuvo el segundo premio por el “Canto al hombre y a la tierra”, que es un elogio al hombre que hizo nacer los pueblos en medio de la pampa, el agricultor.
Fue precisamente en el marco del Centenario de Saladillo que Ethel conoció al prestigioso pintor y artista argentino Raúl Schurjin, quien vino a Saladillo para la ocasión.
Se hizo una exposición en la Biblioteca Mitre, ese día Raúl visitó el Colegio Nacional, que funcionaba en su histórico edificio de la avenida Belgrano, donde pintó dos obras: una quedó ahí y la otra está en la Biblioteca Mitre. Las dos muestran a sus famosas costeritas.
Cuando se estaba desarrollando la exposición en la Biblioteca, el periodista Juan Carlos Dellatorre le pidió a Ethel que recite “Canto al hombre y a la tierra”, a Raúl le gustó mucho y entonces Ethel decidió escribirle un poema que tituló “Canción con esperanza”, que habla de sus costeritas.
El poema dice algo así: “Costerita de Schurjin que me miras desde el fondo asombrado de tus ojos enormes e inocentes, me estás haciendo daño…”. Raúl fue tan gentil que luego le envió a Ethel un cuadro de su autoría firmado por él y por su esposa, cuadro que desde ese momento estuvo siempre en la sala de su casa.
El 1° de diciembre de 1973, “en la búsqueda de la jerarquización espiritual de la comunidad”, según lo expresó el intendente municipal de entonces, Ariel Horacio Delía, designó a Ethel como la primera Directora del Cultura del Municipio de Saladillo, función que desempeñó ad honorem, salvo un brevísimo período previo al golpe de Estado de 1976, cuando a instancias del Concejo Deliberante se creó el cargo rentado de Director de Cultura.
Capacidad, trayectoria, una asombrosa y sólida formación cultural, pero sobre todo una generosidad extrema, exenta de lucimiento personal, hicieron de Ethel la Directora de Cultura natural de Saladillo y la figura que durante muchos años, con o sin cargo formal, encabezara toda actividad cultural comunitaria.
Desde la Dirección de Cultura, impulsó diversas actividades, verbigracia: la Creación del Grupo de Amigos de las Letras (donde se promovía la escritura de textos en general y particularmente en los jóvenes); la creación del Grupo Experimental de Teatro (del cual participó, entre otros, el genial “Bocha” Idoeta); la creación de la publicación “Presencia”, donde los autores podían publicar sus escritos; promovió la edición de libros como “La puerta”, de Juan Carlos Reynoso; presentó el libro de Susana Soba (edición de la autora) “Amar es como toda la luz, como todos los vinos”.
Se apoyó no sólo a la Agrupación Coral, sino al ballet, a la pintura, promovió actividades relacionadas con la difusión de las ciencias. Podemos concluir que su paso por la Dirección de Cultura fue muy boscosa, muy productiva.
Participó después de numerosas comisiones que impulsaron fiestas populares y eventos de gran significación comunitaria.
Integró la Comisión fundadora y promotora de la creación del Museo y Archivo Histórico Municipal, cuyo edificio salvó de la demolición junto a don Luis Adolfo Borracer.
Su rápida intervención logró que se preservara, en excelente estado, la valiosa colección de periódicos donados al Municipio por la familia Volonté, los cuales están resguardados en el tesoro del edificio del ex Banco Provincia (actual Museo de Saladillo) por la decidida actuación de Ethel.
Asimismo, debido a un proyecto de su autoría, Saladillo cuenta con varios juegos de la colección completa del semanario El Argentino, cuidadosamente encuadernada en tomos anuales, por un proyecto llevado a cabo en la Biblioteca Mitre a instancias de Ethel.
Tanto la Parroquia saladillense Nuestra Señora de la Asunción, como los distintos gobiernos municipales, recurrieron a su caracterizada pluma para la elaboración de textos para distintas presentaciones públicas.
Hablando de su buena pluma, fue colaboradora además del diario regional La Mañana sobre distintos tópicos de actualidad e históricos, tarea que periódicamente sigue haciendo, como así también formó parte de la redacción del desaparecido semanario El Argentino cuando lo dirigía la Sra. Silvia Batisluchi.
Como se dijo precedentemente, su actividad docente en la Escuela N°11 se prolongó hasta 1980, momento en que se acogió a los beneficios de la jubilación, y desde ese momento comenzó a colaborar más intensamente con un lugar que fue emblemático para ella: la Biblioteca Popular Municipal Bartolomé Mitre.
La Comisión Directiva de la Biblioteca Bartolomé Mitre fue presidida durante 40 años por otra persona que también aportó mucho a la Cultura saladillense: la señora Matilde Correas de Arias, quien fue Directora de la Escuela N°1 cuando Ethel empezó a cursar sus estudios primarios.
En 1987, la señora Correa de Arias dejó la Presidencia de la Comisión de Apoyo de la Biblioteca y le pidió a Ethel que la suceda.
Podría pensarse que es una curiosidad del destino que quien la viera ingresar a la Primaria, le pasara muchos años después el testigo de su gran obra, pero seguramente no fue el destino quien intervino, sino la mirada del educador que supo ver y reconocer en un par el talento para la entrega en una obra, la Biblioteca, que fue para Saladillo un ámbito único de educación y el símbolo de la igualdad de oportunidades.
Siempre comprometida con el cuidado del medio ambiente, en la década de 1990 participó activamente del grupo de ciudadanos Amigos del Medio Ambiente de Saladillo, que con el objetivo de concientizar a la ciudadanía en el cuidado y preservación del arbolado público logró que no se volviera a mutilar el arbolado urbano con podas que cercenaban sus magníficas copas. Gracias a ello, hoy Saladillo cuenta con la bellísima arboleda que lo distingue.
El 30 de noviembre de 1998, cumplió 63 años, sus familiares, amigos y miembros de la Biblioteca decidieron homenajearla con una sorpresa: presentar en la Biblioteca, cuya Comisión ella presidía, un libro con cuentos que ella escribió entre 1961 y 1964 titulado: Canciones para vos. Poemas para chicos y sus grandes.
La edición fue financiada por la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, por decisión de su presidente el diputado Francisco José Ferro, a solicitud de Silvia Batisluchi.
La edición de su libro, así como la presencia de más de trescientos vecinos en el acto de homenaje, se puede considerar un reconocimiento para Ethel porque nunca editó su propia obra, pese a que la mayoría de los libros editados por saladillenses contaron con la corrección de Ethel Mariotto, su prólogo, y aún con la colaboración directa en la edición, ya que promovió la impresión con ayuda de la comunidad de obras fundamentales de autores nóveles de la ciudad.
Entre las muchas acciones que promovió en bien de Saladillo, se destaca el esfuerzo por preservar las estructuras de la Estación de Saladillo Norte. Ethel Mariotto, como ya se dijo, era maestra de la Escuela N°11, situada en Saladillo Norte. Este barrio, hoy localidad, nació en 1912 con la llegada del Ferrocarril Provincial, el cual lamentablemente fue cerrado en 1961 cuando pertenecía al Ferrocarril Belgrano.
A Ethel y a su compañera de escuela, Mavel Labarta, les tocó ser testigos del levantamiento de sus vías y del comienzo de demolición de toda la infraestructura existente en el cuadro de la Estación, algo que el Ferrocarril Belgrano ya había hecho en el paraje Emiliano Reynoso.
En Saladillo Norte comenzaron demoliendo uno de los galpones, pero fue allí donde la rápida intervención de Ethel Mariotto y Mavel Labarta lograron que cese la piqueta y que se conserve el edificio de la Estación, el galpón que no llegaron a demoler y las casas de los empleados del ferrocarril.
De no haber sido por ellas, probablemente hoy no existiría la localidad de Saladillo Norte. Cuando empezó la demolición del primer galpón estas dos jóvenes maestras (tenían 26 y 28 años, respectivamente) se comunicaron enseguida con el intendente municipal “Nando” López, quien encomendó a su secretario, don Luis Adolfo Borracer, para que se comunique telefónicamente con los directivos del Ferrocarril Belgrano.
Cuando Borracer transmitió, vía telefónica, la solicitud de preservar la infraestructura de la Estación Saladillo Norte, la respuesta del Ferrocarril Belgrano fue positiva pero solicitaron una nota por escrito, la cual fue redactada por Ethel. La carta llevaba el sello de la Escuela N°11.
Asimismo, Ethel y Mavel se acercaron a los obreros y los pusieron en conocimiento de las gestiones, a raíz de esto inmediatamente se llevaron la topadora y quedó en pie la infraestructura que hoy es utilizada por toda la comunidad de esta localidad saladillense, creada por Ordenanza Municipal N°69/2019.
Cuesta imaginar hoy en día que fueran dos muy jóvenes maestras las que convencieran a los obreros que se detuvieran las topadoras hasta ser escuchadas por la autoridad municipal. Y es esa imagen la que llena de emoción.
En 2003, Ethel fue nombrada Mujer Innovadora, por la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires.
En 2014, dejó la presidencia ad honorem de la Comisión de Amigos de la Biblioteca Popular Municipal Bartolomé Mitre, luego de 27 años ininterrumpidos de fructífera labor cultural, dejando la Biblioteca con más de 60.000 ejemplares, una sala de computación y el auditorio Dr. Ricardo Galliani funcionando a pleno para respaldar funciones educativas y culturales esenciales para el crecimiento espiritual de la sociedad.
Finalmente, debe destacarse su voz de poeta, no sólo a la hora de recitar su propia poesía, sino cuando leyendo y poniendo en valor los textos de poetas y escritores, que encontraron en la sonoridad de su voz y en su histrionismo un verdadero homenaje.
Ethel Mariotto es la poeta del pueblo que puso su voz al servicio de todos los poetas.
Pero al valor de sus acciones concretas y mensurables en favor de la comunidad, debe sumarse el valor intangible de un ser humano que nunca dejó de valorar a sus conciudadanos, considerando siempre lo que de extraordinario tienen las personas que la rodearon, poniendo de pie la memoria de quienes se fueron y quienes están, porque “reconocer no es solo justicia, es esencial para educar”.
La labor incansable de Ethel Mariotto a favor de la cultura de su pueblo, a lo largo de toda su vida, fue reconocida por la comunidad en más de una ocasión.
Como lo fue la presentación sorpresa de su libro detallada más arriba; la imposición de su nombre a la sala principal del Museo de la ciudad de Saladillo en diciembre de 2016; la declaración de Ciudadana Distinguida del Partido de Saladillo, a propuesta del ex intendente Carlos Antonio Gorosito, por Ordenanza N°58/2018; y la imposición de su nombre a una calle de la ciudad de Saladillo, por Ordenanza N°19/2024, calle que fue entronizada en un acto protocolar llevado a cabo el 31 de julio de 2024 al conmemorarse el 161° aniversario de la fundación de la localidad de Saladillo.
En una entrevista publicada en fecha 26 de julio de 2024, en el semanario La Mañana, realizada por la técnica superior en Periodismo, Marina Maisón, admiradora y amiga, Ethel, al ser preguntada sobre ¿qué dejarías para el Saladillo del futuro?, respondió: “Que Saladillo va creciendo. Crece tanto que hay que tener cuidado que no se desmadeje todo lo que fue su pasado. Como todos los pueblos de provincia, su pasado es humilde. Crece tal vez con raíces agroganaderas, no ha crecido a causa de una batalla célebre o de una cosa épica que tenga mucha resonancia. Ha crecido del fervor de la gente que le dio vida a través de pequeños emprendimientos”.
“Crece del sudor de cada uno, del sudor bueno sobre los surcos del trabajo desde la casa, del trabajo de los honestos lugares para mantener a los hijos. De las carpinterías, las herrerías. Todo eso fue gracias al estímulo de la propia personalidad de sus habitantes y es lo que hay que mantener. Un pueblo simple con un orgullo auténtico y con las ganas de crecer para que no se lo ignore. Saladillo, como todos los pueblos, de esta rica tierra nuestra, tiene un objetivo y es que su gente sea feliz. No tiene que hacer otra cosa que pensar en eso. Para que los pueblos sean felices, hay que tratar de que la gente sea todos los días un poquito más buena.”
El Honorable Concejo Deliberante de Saladillo, en uso de sus atribuciones, en fecha 16 de abril de 2024, sancionó la Ordenanza N°19/2024 por la cual impuso su nombre a una calle de nuestra ciudad.












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