Por Carlos Antonio Gorosito – Ex Intendente de Saladillo
El 18 de enero de 1983, hace 43 años, se terminó la vida terrenal del Dr. Arturo H. Illia, extraordinario presidente de los argentinos (1963-1966) en representación de la UCR. En consecuencia, dejó un vacío inmenso en la UCR y en la vida política argentina.
El Dr. Guillermo Estévez Boero, quien fuera un dirigente reformista y diputado nacional, decía que Don Arturo fue “el presidente de la dignidad” y ciertamente lo fue.
Illia decía: “No les tengo miedo a los de afuera que nos quieren comprar, sino a los de adentro que nos quieren vender”.
Don Arturo formó parte de los de “adentro”, porque no se vendía y no vendía al país y luchó contra los de “adentro” que querían vender al país y someterlo al poder político y económico extranjero, como hoy lo quieren hacer.
Fueron estos últimos los que lo derrocaron el 28 de junio de 1966 y con ello terminaron con uno de los mejores gobiernos de la historia del país.
El Dr. Arturo Illia le contó a Miguel Bonasso en el transcurso de una reunión familiar lo siguiente: “¿Usted sabe cuál es la verdadera razón por la que me echaron de la Presidencia?” Bonasso arriesgó varias hipótesis, entre ellas los contratos petroleros y la ley de medicamentos.
Entonces, el Dr. Illia pidió que prestara atención a lo que él iba a decirle: “Un tiempo antes del golpe, vino a verme el banquero Rockefeller. Sonriente, me anunció: ‘Quiero radicar mi banco, el Chase Manhattan en la Argentina’. ‘Muy bien’, le contesté a través del intérprete. ‘Pero antes –prosiguió el señor Rockefeller– creo que sería necesario realizar algunas modificaciones en la ley de bancos’. Así, como se lo estoy diciendo. Yo me volví hacia el intérprete que acababa de traducirme eso y le dije: ‘No entendí, podría pedirle al señor Rockefeller que repita lo que acaba de decir’. El intérprete tradujo mis palabras y aunque usted piense que los banqueros no se ponen colorados, el señor Rockefeller enrojeció mientras balbuceaba su propuesta. Entonces tomé la palabra: ‘¿Qué pensaría usted –le dije– si un banquero argentino quisiera radicar su banco en Nueva York y le dijera al presidente de los Estados Unidos que antes debía reformar la ley de la Reserva Federal?’ Y, además, dígale al señor Rockefeller que esta entrevista ha concluido’”.
Illia terminó la anécdota diciendo: “Poco después, me echaban de la Presidencia, se reformaba la ley de bancos y el Chase Manhattan se establecía en la Argentina”. Sin duda, Don Arturo defendió el interés nacional.

Gobernó con honestidad y austeridad republicana, pero sobre todo gobernó para el pueblo y con gran eficacia. Tuvo la oposición de los grupos concentrados de la economía, porque afectaba sus intereses en favor del pueblo.
La CGT lo hostigó con el famoso Plan Lucha. Los medios periodísticos lo combatían e ironizaban sobre su figura, tratándolo de “tortuga”.
Se puede señalar que, en ese corto período, la desocupación cayó de 8,8% en 1963 a un 5,2% en 1966, lo cual ubicaba al país casi en el umbral del pleno empleo y a pesar del Plan de Lucha, el Presidente garantizó sin limitaciones el derecho de huelga y los derechos colectivos de las organizaciones sindicales y los representantes gremiales.
La preocupación de Illia por los trabajadores fue constante. Prueba de ello es la ley 16.459 de 1964, por la cual se establecía el salario mínimo, vital y móvil, creando el Consejo del Salario integrado por representantes del Estado, los sindicatos y las cámaras empresariales, cuya función esencial era la de determinar periódicamente el salario vital mínimo.
Estaba cumpliendo nada más y nada menos con lo que establecía el artículo 14 bis de la Constitución Nacional, de manera que el salario real creció entre 1963 y 1966 un 10%. La participación de los trabajadores en la distribución del ingreso se elevó al 43%.
Otros indicadores económicos a resaltar son: la evolución del Producto Industrial del 4,1% en 1963 al 18, 9% en 1964 y al 13, 8% en 1965. El PBI (Producto Bruto Interno) operó un crecimiento el 2,4% en 1963, 10, 3% en 1964 y 9,1% en 1965.
Don Arturo consideraba a la educación como el motor del desarrollo de los pueblos, razón por la cual elevó la asignación de las partidas dirigidas a educación, cultura, ciencias e investigación de un 12% en 1963 al 25% en 1965, duplicando así su participación en el presupuesto nacional. Defendió el rol de YPF como garante de nuestra soberanía energética. Concibió a la salud como un bien social y se sancionó en consecuencia la ley de medicamentos, más conocida como Ley Oñativia. Esta ley afectada a las multinacionales de los medicamentos, por eso se dijo que detrás del golpe de 1966 también estaban estas multinacionales.
En política internacional, uno de los mayores logros estuvo vinculado con la soberanía sobre las Islas Malvinas, logrando la Resolución 2065 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, admitiendo “la existencia de una disputa entre los gobiernos de la Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte acerca de la soberanía sobre dichas Islas” y se invita a los gobiernos de la Argentina y del Reino Unido e Irlanda del Norte a continuar con las negociaciones. Un verdadero triunfo diplomático.
Ahondar en la gran gestión del Gobierno de Illia haría demasiada extensa esta nota. El objetivo de la presente es destacar la inmensa figura de uno de los próceres del radicalismo y de la Argentina.
Fue Don Arturo un apóstol de la democracia y de la Justicia. Después de derrocado salió a recorrer el país, convocando al pueblo a recuperar la democracia y el ejercicio de la soberanía popular.
Illia decía que la “democracia argentina necesita perfeccionamiento, pero que quede bien claro, perfeccionamiento no es sustitución totalitaria”, concepto hoy más vigente que nunca. Dio testimonio concreto de su preocupación por los demás.
Este pergaminense radicado en la provincia de Córdoba, recorría distancias inmensas a caballo para atender a sus pacientes y cuando las circunstancias lo requerían, lo hacía gratuitamente.
El pueblo, en agradecimiento, le regaló una casa a Don Arturo, dado que él no la tenía. Desde todas las representaciones públicas que tuvo, defendió con firmeza al pueblo argentino.
Siguió haciendo política hasta el último suspiro. Después de ser presidente, recorrió pueblo por pueblo, ciudad por ciudad, la extensa geografía de nuestro país.
También estuvo en Saladillo, donde se reunió con radicales, tomó mates en la sastrería del dirigente radical Marcelo Tosca, brindó conferencia de prensa y una charla sobre la situación del país en la Casa Radical. Se reunió con dirigentes de la Séptima Sección Electoral en la zona rural de La Razón, organizada por el Dr. Alejandro “Titán” Armendáriz. Fue en la chacra de Don Pedro Almada, habiendo pernoctado también en ese paraje saladillense.
Illia decía que “ser radical es difícil, pero vale la pena serlo”. Diré por mi parte que ser como Illia es difícil, pero vale la pena serlo. Que la dirigencia radical de hoy en sus distintos niveles, no traicione el ideario de Don Arturo. Es el mejor homenaje que podemos hacerle, custodiando su legado.















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