El escritor saladillense Bernabé De Vinsenci comparte con todos los lectores un nuevo poema de su autoría.
***
Créanme
no me extrajeron la piedra del cráneo
es el oleaje quieto de la llanura:
una mata
al costado del surco de maíz
más impetuosa
que yo.
Me traduzco débil
debajo de la debilidad
y voy de la periferia
al núcleo
frágil.
***
Abrazame,
me dice el cráneo blanquecino,
hazme óseo pero de vos,
y no puedo abandonarlo al campo traviesa del olvido
así como así, a la deriva
como a mí
en la ancha vida sin señales
también me han dejado:
a la deriva
olvidado como un metal
cubierto de óxido.
***
Créanme
tengo con quien
compartir tabaco y alcohol:
él,
mi dulce cráneo, lleno de vicios
y de temple. Él, excesivo en tabaco
y alcohol.
***
Si busco consuelo iré al
hemisferio tonto de mi cerebro.
Si busco apoyar mi cabeza
cansada
iré a un pecho
a doscientos kilómetros de aquí
donde los animales no buscan asombrar
ni mover
colas ni orejas.
***
Ya sé la proporción de mi sombra
y me sobra voluntad
para tejerle un sudario
un bonito sudario.
¿Qué puedo decir de los
que le atribuyen locura al cráneo
a este,
mi cráneo,
loco
algo lisiado?
A vos, amado mío.
Sí, óseo de mí.
¿Qué puedo decirle al resto,
a ellos?
¿Que las calles
que lo turbulento por dentro
(sea de la carne
sea de las emociones
de felicidad o infelicidad)
recorrieron las mismas veredas
las mismas baldosas
bajo la forma de círculo
y bajo los bríos de la abstinencia
del cocainómano
o del alcohólico?
***
Yo sé decir el sudario de mi sombra.
Yo sé decir sobre el hilo que se tensa.
Yo sé tal vez
que son preferibles
las mismas veredas
las mismas baldosas.
Pero sé
también
de la clemencia de los muertos.
Del silencio como pasillo de cementerio.
***
Mis ojos son como los tuyos:
sin un punto fijo
de pupilas dilatadas
pero asombrosamente hábiles.
Saben de la buena
y de la mala fe.
Por eso apoyo mi cuerpo en vos,
cráneo,
para que nada muera
para que nada viva
para que nada florezca
ni sea eterno.
***
Mi dedo índice recorre tu fe
y tu fe me dice:
«soy una tumba».
No tengo economía para regalos.
Es más la basura que acumulo
que la comida.
Por eso mi cráneo llama a la locura
golpea a la puerta y dice:
«démosle los malvones
a la tumba de por medio».
Yo no sé de flores y tampoco de malvones.
Pero es la locura
que llama y dice
y resuelve la ecuación del amor:
quitar una flor
cada día más marchita
y rendirle homenaje a otro muerto.
***
El amor
sí
parece
cosas de muertos.
Yo vengo de látigos
yo vengo de ramas de laurel
yo vengo de mirar la pared
yo vengo del estómago vacío
yo vengo de la prisión
yo vengo de un niño orando
a un Dios que mintió
y voy
al exceso de ternura
y con la ternura,
créanme o reviento
juego a la ruleta rusa
y de ella
sí,
cráneo mío,
espero el disparo.
***
Cráneo mío,
otra vez,
tengo los labios
tengo la lengua
tengo el diámetro casi perfecto
para dibujar con mi boca
la historia de amor casi perfecta
pero te das cuenta
y te acaricio como una lámpara
y tu luz me confiesa:
«muchos creen que tu humanidad
es la locura
muchos dicen que enloqueciste
pero no saben que de amor
de látigos y laureles
de oraciones y penitencias
sí
en el altar
de un Dios muerto».
Juguemos al tatetí,
cráneo mío,
y abandonemos la partida
porque ningún amor nace del entretenimiento
salvo aquel
que acaba como tormenta de verano.
Descendamos dos escalones
tres
cuatro escalones
y después juguemos al suicida
vos
yo
arrojándonos de cualquier escalera
para saber que el ileso
nunca ama de verdad.
Y yo te amo,
cráneo mío.
***
Tu sombra amo
que se entrevé como rayitos de sol
que intercepta un sauce
yo me aferro a vos, a mi glorioso cráneo,
y vos de a empujones como hoja de plátano
vas quitando mi sudario
me resisto
sé que lo que comienza al calor
más tarde se vuelve frío
prefiero mi sudario y este cráneo,
tú, cráneo mío,
que yo te digo oh, vida mía,
tenemos asegurados
dalo por cierto
el fin más que el principio.













Comments are closed