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“Elpidio González predicó el evangelio de la UCR en defensa de los sectores más postergados de la sociedad”

“A 75 años de su partida, recordamos al vicepresidente Elpidio González, un faro de la militancia radical y el hombre que honró a la UCR y a la política entera, dejando una huella imborrable de dignidad, ética y justicia social.”

Por Carlos Antonio Gorosito – Ex Intendente de Saladillo (1991-20215)

El 1° de agosto de 1875, nació en Rosario (Santa Fe) Pedro Elpidio González. Realizó sus estudios primarios y secundarios en su ciudad natal y luego se trasladó a Córdoba para estudiar derecho.

Mientras era estudiante en la Universidad Nacional de Córdoba, el rectorado era ocupado por el Dr. José Antonio Ortiz y Herrera, quien mandó a llamar al joven Elpidio para ofrecerle un cargo de auxiliar en la Biblioteca de la institución.

González le contestó: «Doctor, nunca dejaré de agradecerle este ofrecimiento, pero no puedo aceptarlo porque yo milito en un partido adversario al suyo». El rector Ortiz y Herrera era, en efecto, un destacado dirigente de las filas políticas que respondían al General Julio Argentino Roca.

Al enterarse, José Díaz Rodríguez —tío de Elpidio y secretario de la Universidad— le preguntó si había aceptado el puesto. Ante la negativa de su sobrino, Díaz Rodríguez, algo molesto, le advirtió: «Ya te has de andar por meter en política». Elpidio, con firmeza, le respondió: «¿Por meterme? Si ya estoy metido». Es que ya era un hombre de la Unión Cívica Radical y, sobre todo, un fiel seguidor del pensamiento de Hipólito Yrigoyen.

Finalmente, se recibió de abogado en la Universidad Nacional de La Plata en 1907. Su carrera pública fue brillante: en 1916 fue electo Diputado Nacional por la provincia de Córdoba; luego, fue designado Ministro de Guerra por el presidente Yrigoyen entre 1916 y 1918, y seguidamente se desempeñó como Jefe de la Policía de la Capital hasta 1921. Entre 1922 y 1928 ejerció la Vicepresidencia de la Nación durante el mandato del Dr. Marcelo T. de Alvear y, finalmente, ocupó el cargo de Ministro del Interior durante la segunda presidencia de Yrigoyen. Sin embargo, el gobierno radical fue derrocado por el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930, y la dictadura de José Félix Uriburu encarceló a González durante dos años.

Al salir de prisión, fiel a sus principios, buscó trabajo y lo encontró en una fábrica de anilinas. A partir de entonces, se lo pudo ver por las calles de Buenos Aires vendiendo el producto a pie, mientras vivía en una modesta pensión de la Diagonal Sur. Cuando esa pensión iba a ser demolida para ensanchar la calle, los obreros descubrieron que el inquilino era el exvicepresidente de la Nación, quien solo pidió un tiempo para poder mudarse. Al enterarse de la situación, el gobierno del General Agustín P. Justo le ofreció una propiedad del Estado municipal de forma gratuita, pero Elpidio agradeció el gesto y rechazó el ofrecimiento. También rechazó el dinero en efectivo que le llevó el edecán presidencial.

Poco después, el diputado conservador Adrián Escobar presentó un proyecto que se convirtió en ley, estableciendo una pensión vitalicia para los expresidentes y vicepresidentes de la Nación. Elpidio González también rechazó este beneficio económico, expresando en una carta:

«Confío en que, Dios mediante, he de poder sobrellevar la vida con mi trabajo, sin acogerme a la ayuda de la República, por cuya grandeza —y si alguna vez he recogido amargura y sinsabores— me siento reconfortado con creces por la fortuna de haberlo dado todo por la felicidad de mi patria».

Elpidio González predicó el evangelio de la UCR en defensa de los sectores más postergados de la sociedad, convirtiéndose en símbolo de la ética y la solidaridad, haciendo de la justicia social y la austeridad el norte de su vida política. El escritor español Azorín decía que los hombres deben tener «el encanto del ocaso». Elpidio González, un hombre verdaderamente extraordinario, murió en la serenidad de su atardecer en el Hospital Italiano, habiendo sabido embellecer su propio ocaso con el perfume de sus virtudes.”

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