Por Carlos Antonio Gorosito – Ex Intendente de Saladillo (1991-2015)

Cuando promediaba 1975, era ya un “secreto a voces” que el Gobierno constitucional de entonces iba a ser derrocado, que se avecinada la implementación de un plan económico que iba a ser antipopular, entreguista y extranjerizante, y que para imponerlo se iba a necesitar el ejercicio de una represión despiadada desde el Estado.
También, los golpistas odiaban a la juventud y la consideraban un peligro para nuestro país. El golpe cívico militar llegó finalmente el 24 de marzo de 1976 y empezó el horror de la dictadura.
La Plata, donde me encontraba viviendo y estudiando en esa época, era y es una ciudad universitaria por excelencia. Jóvenes de toda la provincia tenían una activa participación en la vida estudiantil y en la actividad política.
El 16 de septiembre de 1976, hace hoy 50 años, diez estudiantes fueron secuestrados por la dictadura. Todos eran militantes políticos, la mayoría de ellos integrantes de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios).
En 1975, la agrupación junto a otras había reclamado frente al Ministerio de Obras Publicas por la implementación del boleto estudiantil.
Los grupos de tareas de la Policía bonaerense, comandaba por el coronel Ramón Camps y el comisario Miguel Etchecolatz, secuestraron y enviaron a los estudiantes a centros clandestinos de detención. Sólo cuatro de ellos lograron sobrevivir a las torturas y tormentos.
Así, triste, luctuosa y negra fue esa jornada a la que se la llamó La Noche de los Lápices. Había habido secuestros antes y después del día 16 de septiembre, pero la mayor cantidad se dio ese día. Lápiz y papel eran los instrumentos de la militancia y de los reclamos estudiantiles.
Recordar La Noche de los Lápices es rendir tributo al coraje de una generación de estudiantes que transformó el aula en el primer espacio de compromiso social.
Su sacrificio nos recuerda que la democracia se defiende con la participación activa de las juventudes, las eternas guardianas de la memoria, la verdad y la justicia.
A los jóvenes de La Noche de los Lápices intentaron apagarles su voz en la oscuridad más profunda, pero olvidaron que su militancia era luz. Hoy, cada derecho conquistado por la juventud es la prueba de que los lápices siguen escribiendo el futuro y nunca más podrán ser borrados.
Nota: Mural Biblioteca Colegio Nacional “Rafael Hernández” de La Plata (foto de portada)












