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Agua… ¡¡que no has de beber!!

Por el Prof. Luis Darío Nagore (Saladillo)

Bernardo Houssay, Premio Nobel de Fisiología y Medicina 1947, docente de la UBA y fundador del CONICET, sostenía a mediados del siglo pasado, que “el poder tremendo de las investigaciones científicas ha atraído el interés de todos los grandes poderes humanos. Los gobiernos y las industrias pretenden emplear la ciencia para utilizarla en provecho propio”.

El papel de la ciencia, en el contexto social, se ejerce en tres planos principales: el intelectual, el técnico y el moral.

En el plano intelectual, la ciencia ha nacido del deseo de conocimiento de la verdad, propio del ser humano como ser racional. Si no fuera por esta actitud, aún seguiríamos pensándonos como el centro del universo, pensando que el sol gira alrededor nuestro.

En el plano técnico, participa en la implementación de las soluciones que la ciencia aporta. La higiene, la sanidad, la nutrición y la medicina han revolucionado la vida moderna. La quimioterapia y los antibióticos permiten salvar millones de vidas cada año. En el plano moral, todos los adelantos que benefician a la humanidad no dependen, como suele creerse erróneamente, de las opiniones políticas, que son a menudo efímeras y cambiantes, sino de algunos grandes descubrimientos científicos y sus aplicaciones, siempre que estas sean guiadas por sanas normas morales (B. Houssay).

La ciencia ha demostrado que el agua, imprescindible para la vida, no es solo dos átomos de hidrógeno (H) y uno de oxígeno (O) –H 2 O-, sino que junto con ellos existen otros componentes como arsénico, nitratos, nitritos y otros componentes; algunos de origen natural favorecidos o no por las características de la tierra, y otros seguramente obedecen a la degradación que sufre el planeta en mano del hombre.

Particularmente, el arsénico, tan en boga en la discusión, se encuentra presente desde hace siglos en nuestras tierras; afecta muchas partes del planeta y en nuestro país su presencia más significativa se da en la región pampeana. Fundamentalmente afecta nuestra provincia.

La ciencia también ha demostrado que el exceso de alguno de los componentes que complementan la composición del agua puede afectar la salud de las personas. En este contexto, la Organización Mundial de la Salud, respecto del arsénico, establece un límite seguro para la ingesta en 0,01 mg/l o 10 ppb (partes por mil millones); el Código Alimentario Argentino acordó que, en las regiones como la nuestra, de presencia significativa de arsénico, sería viable la ingesta de hasta 50 ppb, hasta tanto se demostrará que en valores inferiores a este límite no producían daños para la salud.

Afortunadamente, los estudios epidemiológicos requeridos se han completado recientemente demostrando no generar riesgos para la salud, según sostiene el Consejo Federal de Entidades del Servicio Sanitario (COFES). (https://www.lacapitalmdp.com/el-mapa-de-arsenico-y-la-situacion-del-agua-para-consumo-en-mar-del-plata/).

Pero, una cosa es tener valores como en el partido de Puan con 4 ppb, o Tandil o 3 Arroyos con valores alrededor de 1 PPB (favorecidos naturalmente y no por acciones de los gobiernos); otra cosa es tener algo más de 38 ppb como 25 de Mayo o Saladillo, y mucho peor la situación de Roque Pérez con 87 ppb, que ya no puede utilizar el agua para consumo directo o cocción. (Fuente: Univ. ITBA https://mapa-de-arsenico.web.app/).

Además, según expresaron investigadores de la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires, la evolución del problema indica que tenderán a incrementarse los valores de presencia de arsénico actuales.

La preocupación de la comunidad es entendible, en cuanto que aparecen voces que sostienen información contrapuesta. En mí apreciación, debe definirse claramente la situación con la exhibición de datos en forma permanente, de los resultados de los análisis que se realicen sobre cada bomba que inyecta agua a la red de agua potable; de esta forma se agotaría la discusión y la manipulación de los datos, quitando la incertidumbre a la población.

Debe recordarse, a los partidos políticos que participan de nuestra vida democrática, que la salud es un bien público, no es propiedad de un gobierno, mucho menos de un partido político.

En mi opinión, se debe utilizar la Ciencia para determinar los parámetros fisicoquímicos y microbiológicos para la determinación de la calidad del agua, la Tecnología para comunicarlo efectivamente a la comunidad, y los aspectos éticos para dejar de hacer políticas partidarias o ideológicas con un problema que afecta a la sociedad.

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