Desde la Comisión Directiva del Club Social y Deportivo Unión Apeadero, nos vemos en la obligación de manifestar nuestra profunda tristeza e indignación por los hechos ocurridos este domingo, en pleno partido de Primera División Femenino.
Lo que resulta más difícil de comprender es que estamos viendo a personas adultas —muchas de ellas madres de chicos que juegan en el club y que meriendan aquí diariamente— rompiendo deliberadamente el tejido perimetral para ingresar sin pagar la entrada.
Es una contradicción que duele: el club recibe a sus hijos con los brazos abiertos, les brinda contención, deporte y alimento gracias al sacrificio de un grupo de vecinos que pone su tiempo, trabajo y esfuerzo sin pedir nada a cambio. Que esas mismas familias dañen la infraestructura que sostiene los beneficios de sus hijos, y lo hagan incluso durante el desarrollo de un partido, es una falta de respeto total.
Peor aún es la actitud de soberbia: al ser descubiertas “infraganti” cometiendo el daño, reaccionan con enojo hacia quienes estamos cuidando el lugar. Queremos ser claros: quien reclama respeto por las instalaciones y el pago de la entrada no está en falta; está defendiendo el patrimonio de todos los socios y del barrio.
Si rompemos lo que nos sirve a todos, ¿qué les va a quedar a sus hijos mañana? El club no es un regalo del cielo, se mantiene a pulmón. Pedimos coherencia y ejemplo. No destruyan el lugar que alimenta y recrea a sus propios hijos.
Cuidar el club es valorar el esfuerzo ajeno. Sin respeto no hay comunidad.
Atentamente:
Comisión Directiva
Club Social y Deportivo Unión Apeadero













