Por Dionisio Rubio

La humilde observación que puedo tener hoy; en este día tan especial para los trabajadores y los sectores populares en general; y en este contexto en particular. Es que opino, en mi necio pensar, que nos urge una batalla inminente con nosotros mismos. Una batalla, creo yo, que venimos perdiendo últimamente. Y me refiero puntualmente a ese deporte bizarro del no involucramiento, la no participación y el total desinterés que tenemos por la política, y por cualquier cosa que esté a más de 2 metros de distancia de nosotros mismos.
Sé que es tentador caer en el burdo y cómodo acto, de escupir frases de tipo: “A mí no me compete cambiar esas cosas”; “esas son cosas que están muy lejos de mi realidad”; “total, yo con cualquier gobierno que esté, me tengo que romper el alma para llegar a fin de mes”.
Y la respuesta fácil, tonta, e inmediata a todas esas frases sería: “Tiene razón este sujeto”.
Pero si nos levantamos del sillón, apagamos la tele, dejamos el celular o evitamos dormirnos del cansancio de tanto laburar; y echamos un vistazo al pasado histórico y a nuestra propia historia, veremos que la batalla que estamos perdiendo, empieza justamente por estar enchufados, entretenidos y alienados por el trabajo y el sacrificio diario.
La batalla que estamos perdiendo no es la de una guerra ya perdida; sólo si entendemos la vital urgencia de involucrarnos, de ver, y reflexionar sobre la realidad.
Si tan solo intentamos este ejercicio mental, estamos bien encaminados a ganar esa batalla, que a veces pareciera perdida.
El arma más peligrosa que tienen en contra nuestra, es la de someternos a una realidad insostenible, insufrible e inmediatamente servirnos el plato caliente y suculento de la distracción, el falso individualismo y el nefasto egocentrismo que nos impide juntarnos y organizarnos.
No deberíamos caer nunca más en discursos vacíos, llenos de palabras y promesas abstractas, que esconden las verdaderas intenciones de quienes las dicen.
Mucha atención hay que prestar, cuando vengan a hablarnos de libertad, de libre cambio, de libre competencia, de libertad económica y de libre mercado. Son todas palabras que nos llevan a lo mismo de siempre.
A estas alturas, tendríamos que saber que todo eso sólo se traduce en; importaciones descontroladas, desocupación, recesión, destrucción de nuestros recursos naturales, despidos, endeudamiento, dependencia económica, hambre, corrupción. En fin, degradación social y muerte.
Involucrarse, organizarse y participar es ir destruyendo poco a poco esa falsa conciencia.
Esa tonta ilusión de pensar que el príncipe azul viene a salvarnos a todos, pobres y ricos por igual. Como si los ricos necesitaran ser salvados, cuando ya lo están seguro.
Involucrarse es cambiarlo todo. Involucrarse nos lleva a la acción, a tomar las riendas de este caballo desbocado, que nos lleva galopando directamente al precipicio.
Nosotros podemos, y vamos a cambiar la realidad. Pero esto empieza por una pequeña, pero a la vez inmensa iniciativa colectiva, que es involucrarse, participar y organizarse.
De seguir así, acá y en cualquier lado. Esto nunca nos llevará y nunca nos llevó a buen puerto. Participar y organizarse debe ser un acto que represente nuestros intereses, los de la clase social. Debe ser en los lugares donde nos encontramos los trabajadores y sectores populares, donde están los nuestros, por así decirlo.
La historia nos demostró y nos dio su veredicto. Y este fue: Que lo de siempre fracasó y sigue fracasando, lo de antes trajo a lo de ahora, y le dio continuidad a esta paulatina crisis que venimos padeciendo.
La historia sentenció a este sistema, y exhortó a los trabajadores y al pueblo para hacer cumplir esa sentencia y finalmente ganar esta lucha.
¡Viva la lucha del pueblo trabajador de todo el mundo!
Rubio Dionisio G. (Manuscrito)
Rubio Nahuel G. (Edición y Revisión)
Saladillo












