En el marco de la 6ta edición de la Fiesta de la Galleta de Piso, quedó inaugurada este viernes, en el Museo de Saladillo, la muestra temporaria “De Tahonas y Panaderías” con un merecido homenaje por su trayectoria a la panadería Tomás.
La interesante exposición, coordinada por la museóloga Romina Virgili, surgió fruto de un gran trabajo de investigación a cargo del equipo del Museo y del Archivo Histórico Municipal.
“El pan y su elaboración como cultura de masas.” Bajo esta consigna, se hizo un repaso sobre los orígenes de las panaderías y antiguas tahonas saladillenses.
También argumentaron sobre las primeras reglamentaciones y ordenanzas que se sancionaron a principios del siglo XX, para garantizar sanidad y seguridad alimentaria en la elaboración de panificados.

Por su parte, la periodista Silvina Krupitzky hizo referencia a la ardua recopilación de información y documentos que están llevando a cabo desde el Museo, con el objetivo de que la Fiesta de la Galleta de Piso sea declarada Patrimonio Cultural y Material de Saladillo y trascienda los tiempos, independientemente de quien gobierne en el futuro. “Es una fiesta que tiene una fuerte identidad con Saladillo”, subrayó.
A continuación, el intendente José Luis Salomón le entregó un presente a la familia Tomás por su dilatada trayectoria en el rubro panaderil.

Una larga historia familiar
La historia de esa familia se remonta a comienzos del siglo XX, cuando don Francisco Tomás llegó a Saladillo desde Cataluña.
De oficio albañil, se especializó en la construcción de hornos de panadería, conocimiento que transmitió a sus hijos. Su hijo mayor, Narciso, aprendió a construirlos, mientras que los otros cuatro se formaron como panaderos, dominando el uso de esos hornos.
El oficio de panaderos inicia con Tomás, que se desempeñó como confitero en la panadería San Martín. En 1939, se incorporan a la misma y aprenden el oficio sus hermanos Juan, Manolo y Agustín.
En 1936, don Francisco protagonizó un episodio que quedó en la memoria familiar: fue convocado para reparar el horno de la panadería San Martín, propiedad de Borrás y Soria.
Aunque el horno llevaba 48 horas apagado, aún conservaba una temperatura extremadamente alta. Protegido con bolsas de arpillera humedecidas, se introdujo en su interior y logró completar el trabajo.

Con el oficio aprendido, Agustín continuó su camino en la panadería de Ferré, ubicada en las calles Alem y Joaquín V. González y junto a su hermano Manolo, adquirieron el negocio que fue renovado completamente y al que Narciso se encargó de reconstruir el horno y la cuadra.
Al consolidarse el emprendimiento, Agustín compró la parte de su hermano y siguió adelante junto a su familia. Su esposa, María Inés Cid, se ocupaba de la atención al público, mientras que sus hijos colaboraban en la elaboración del pan desde jóvenes, combinando el trabajo con sus estudios.
Hacia 1984, en un contexto económico adverso, el negocio cerró y la familia decidió buscar nuevas oportunidades. Recorrieron distintos lugares, como Lomas de Zamora, Tristán Suárez, General Las Heras, General Alvear, Del Carril y El Trigo, hasta volver a Saladillo.
En 1996, en la esquina de Moreno y Bozán, Agustín y sus hijos Guillermo y Eduardo instalaron la panadería Tomás en lo que originalmente fuera la panadería Agro Pan, de la familia Iltis primero y luego de Elvio Corvalán.
Desde entonces, la panadería continúa funcionando con el mismo espíritu de trabajo familiar que la vio nacer.
Las nuevas generaciones se fueron incorporando con el tiempo, manteniendo vivas las tradiciones y el oficio aprendido junto a los hornos. Hoy, aunque los fundadores ya no están, la panadería sigue adelante bajo la dirección de María Luisa Bossalasco, ex nuera de Agustín que siempre acompañó a sus suegros en la panadería haciéndose cargo de la parte administrativa, y desde hace 13 años está al frente, junto a Julio Ludueña (panadero-pastelero), Daniel Magariños (maestro de pala) y Gloria Leonardi (atención comercial).













