Por Carlos Antonio Gorosito – Ex Intendente de Saladillo

Quienes vimos y escuchamos el discurso del presidente de la Nación Javier Milei por la TV en cadena nacional sólo pudimos ver imágenes del conjunto del recinto que por cierto eran sesgadas y parcializadas. No se enfocaba a ninguno de los bloques opositores (los opositores que opositores y los opositores “oficialistas”, salvo alguna excepción)
Lo que sí se pudo observar claramente fue a un presidente agresivo destilando un odio que no es digno de la investidura presidencial y flaco favor le hace a la convivencia entre los argentinos.
El odio expuesto desde la tribuna presidencial genera odio en las bases mismas de la sociedad.
Santiago Kovadloff ha dicho: “El odio a la política es característico de los regímenes autoritarios”. Y autoritario es nuestro Presidente.
En un magnífico discurso que se puede encontrar en YouTube, Pepe Mujica ha dicho: “El odio termina estupidizando porque nos hace perder objetividad frente a las cosas. El odio es ciego, como el amor, pero el amor es creador y el odio nos destruye”.
Si el Presidente no está preparado intelectual y emocionalmente para convivir en la diversidad, debe sacar la palabra “libertad” de su vocabulario.
En 2022, en el Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio, el Secretario General de las Naciones, Antonio Guterres, dijo: “El discurso de odio constituye un peligro para todos, por lo que combatirlo ha de ser tarea de todos. Este primer Día Internacional para Contrarrestar el Discurso de Odio es un llamado a la acción. Comprometámonos una vez más a hacer todo lo posible para prevenir el discurso de odio y acabar con él, promoviendo el respeto a la diversidad y la inclusión”.
El discurso del Presidente no ayuda. Atacó a todos. A políticos, industriales, etc. Habló de un país que sólo existe en su imaginación. No hizo además ninguna referencia a la liberación del gendarme Nahuel Gallo (de la cual todos nos alegramos) que fue liberado después haber estado detenido por más 400 días por el régimen de Maduro.
Todo lo que dijo Milei estuvo estudiado y cada insulto, a mi criterio, estuvo debidamente planificado. Pero, lamentablemente, hay en nuestra sociedad muchísimos conciudadanos que avalan los discursos de odio del Presidente.
Lo avalan muchos por los cuales el Presidente no movería un dedo si encontraran en un estado de indefensión social, problema de salud, falta de trabajo, etc.
El Presidente está en un estado de exaltación política permanente y goza odiando. Que Aaron y Moisés lo iluminen para que pueda desterrar de su ser las actitudes de odio.
Las diferencias políticas en una sociedad siempre van a existir, pero no debemos promover el odio para zanjarlas.
Quienes actuamos en política, ocupemos o no cargos electivos, seamos o no funcionarios, siempre estamos expuestos a la crítica, la que en el marco de la vida democrática podemos refutar o al menos decir lo que creemos que es nuestra verdad. Pero incentivar al odio es una cosa muy distinta.
El Presidente y todos deberíamos recordar el dicho popular que dice: “Quien siembra vientos, cosecha tempestades”.
Dijo Ricardo Balbín, uno de los lideres históricos del radicalismo: “La democracia se fortalece en la discrepancia. Las unanimidades son caminos del totalitarismo”.
Debemos desterrar definitivamente el odio del lenguaje político en la Argentina, y el Presidente con sus actitudes no ayuda.














