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Política

“El cierre de FATE es la crónica de una muerte anunciada; debemos unirnos para evitar el industricidio del país”

Por Carlos Antonio Gorosito – Ex Intendente de Saladillo

Parafraseando el título de la novela “Crónica de una muerte anunciada”, del genial Gabriel García Márquez, se puede afirmar que el cierre de la empresa FATE es una larga crónica de una “muerte anunciada”, que se inició el 10 de diciembre de 2023 con la asunción del gobierno libertario.  Los grandes, medianos y pequeños empresarios crean empresas o emprendimientos con el objetivo de ganar dinero. Ganar dinero es la ley de hierro de cualquier empresario y eso está fuera de discusión. Es una verdad de Perogrullo.

Un gobierno que no tiene Ministerio de Trabajo es porque quiere destruir el trabajo; un Gobierno que no tiene un Ministerio de Industria y Producción o una Secretaría con rango de Ministerio es porque no le importa la producción y la industria nacional.

El cierre de FATE, más allá de evaluar la moralidad de los empresarios con relación a alguna decisión empresarial, es producto de una decisión deliberada del Gobierno nacional que busca destruir la industria nacional con las secuelas que ello implica para el desarrollo del país y la pérdida de fuentes de trabajo.

Después de la sanción de la Ley Bases y en los dos primeros años de la gestión Milei, 270.852 asalariados formales perdieron sus puestos de trabajo, de acuerdo a los registros del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) (1), entre esas bajas 63.234 son del sector público.

Por otro lado, se ha señalado que desde noviembre de 2023 hasta septiembre de 2025 han dejado de operar 20.134 empresas en todo el país y se perdieron 154.382 puestos de trabajo privados registrados, de acuerdo con un informe del Instituto Argentina Grande sobre la base de datos oficiales.

(2) La mayoría de los portales digitales de los medios de la prensa escrita en el día de hoy señalan que FATE dejará de fabricar en la Argentina en su planta de San Fernando y despedirá, según confirmó, a 920 trabajadores.

Desde la empresa sostienen que uno de los factores del cierre responde a la apertura comercial del Gobierno y a las importaciones que llegan esencialmente desde China.

FATE tiene más de 80 años en la vida del país. Fue creada en 1940 por Leiser Madanes y actualmente la empresa es presidida por Javier Madanes Quintanilla.

FATE se dedica la fabricación de neumáticos para el consumo interno y la exportación. Su nombre es un acrónico que significa Fábrica Argentina de Telas Engomadas (FATE). Es una fábrica reconocida que ha tenido sus crisis, pero que también ha ido superando las mismas.

En más de ocho décadas, ha sobrevivido a varias crisis. Hoy debemos lamentar su cierre. Esta industria genera puestos de trabajo. ¿Dónde irán los trabajadores en un país que cada día produce más desocupados?

Quedarse sin trabajo es doloroso para la dignidad humana. Sufre el trabajador y todo su entorno familiar.

Ya Vittorio De Sica, en su gran película “Ladrón de bicicletas” (1948), explora la miseria, la pérdida de dignidad y la dura realidad social que le toca vivir a quienes pierden su trabajo.

De continuar el rumbo de la actual política no sólo cerrará FATE, sino muchas otras empresas más con su secuela de desocupación y desesperación en la gente.

No ocupan los grandes titulares de los diarios, pero todos los días hay gente que se queda sin trabajo. Se repite lo que iniciara Martínez de Hoz durante la dictadura militar que comenzó en 1976; se repite lo de Menem; y se repite hoy con Milei de presidente y, además, con una inusitada crueldad que propició una Ley de Modernización Laboral que no es tal y que, de aprobarse, los trabadores perderán muchos derechos y ni siquiera podrán enfermase.

Una CGT que no ha reaccionado como corresponde ante la pérdida de fuentes de trabajo y una Unión Industrial que no levanta la voz con vehemencia ante el cierre de las industrias.

Nadie defiende a empresarios inescrupulosos y a malos trabajadores. Pero el Estado debe estar para evitar que los trabajadores sean avasallados en sus derechos y proteger a los empresarios honestos que quieren sus ganancias, pero también el desarrollo del país.

El Estado debe buscar el equilibrio de la balanza. Como en la novela de García Márquez, hay muchas “muertes anunciadas”. En este caso, se trata de industrias.

La inacción colectiva no debe permitir que se consumen industricidios con sus graves secuelas de desocupación.

Los dirigentes empresariales, gremiales y políticos deben hacer oír su voz. Tenemos claro que no nos podemos cerrar al mundo, pero abrirnos al mundo no significa, lisa y llanamente, destruir nuestras empresas, nuestras industrias.

Hoy vamos por el mal camino. Pero el Presidente se lo anunció a todos en campaña. Debemos luchar para que la situación se revierta. Debemos proteger a nuestras industrias y evitar que se cierren fuentes de trabajo.  Debemos tener un sueño colectivo: que el país se desarrolle. Y debemos recordar que quienes sólo tienen aspiraciones individuales, jamás entenderán una lucha colectiva.

Debemos poner todos nuestros esfuerzos para evitar el industricidio y al mismo tiempo defender los derechos de los trabajadores y sus fuentes de trabajo. Un proyecto común en defensa del interés nacional nos debe unir.

Es bueno recordar aquel proverbio que dice: “Cuando las arañas tejen juntas, pueden atar a un león”. Que los trabajadores de FATE puedan recuperar su fuente de trabajo y el país una industria que tiene más de ocho décadas.

Notas: (1) Nicolás Balinotti (La Nación 07-02-26) – 2) Perfil ( 21-12-25).

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