Si bien es necesario para reducir la velocidad y está señalizado como corresponde, el lomo de burro de la avenida Juan Carlos Dellatorre, en el tramo comprendido entre las calles Belgrano y 12 de Octubre, en el barrio 31 de Julio de Saladillo, se convirtió en estos días en objeto de justificados reclamos.
Ubicado frente a la Sociedad Rural, el reductor de tierra y piedra dolomita no reúne las dimensiones correctas y representa un verdadero riesgo para quienes lo atraviesan en sus vehículos.
“Es muy alto y peligroso. Aun pasándolo despacio, es un riesgo”, relató un vecino que casi rompió su auto al cruzarlo.
El otro reductor ubicado a la altura del Jardín Maternal Santa Ana –también sobre la avenida Dellatorre– no es tan peligroso, porque reúne las condiciones apropiadas.
Aunque ambos cumplen un papel fundamental para evitar excesos de velocidad, uno de ellos está mal hecho y debe ser corregido antes de que ocurra una desgracia.









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