El ingeniero agrónomo saladillense, Gustavo Marinacci, manifestó que “tenemos un año muy complicado”, debido a los más de 1500 mm que ya cayeron en nuestra zona en lo que va del año. “Es un registro muy parecido al que tuvimos en los ’80 y también entre los años ’92 y ’93”, comparó.
Más allá de esto, observó que el mayor problema no son las lluvias acumuladas, sino el agua que está bajando a nuestra cuenca desde las zonas de Carlos Casares y 9 de Julio, a raíz de canalizaciones desmesuradas.

El otro problema mayúsculo, y quizás más grave –añadió el ingeniero Marinacci– es que, al Río Salado, a partir de la obra del Plan Maestro, lo están llevando a 120 metros de ancho y 4 metros de profundidad, sin tener en cuenta lo que sucede en los cuatro o cinco puentes que lo atraviesan.
“Esos puentes –que tienen 70 metros de ancho– no fueron dragados abajo, por lo que se genera un cuello de botella, evitando que pasen más metros cúbicos de agua por hora de los que debería pasar. Es un dique natural”, explicó el entendido.
“Es un tema que vengo estudiando desde hace dos años y ya hemos hecho los reclamos correspondientes a través de Alberto Larrañaga, una de las personas que más se mueve en nuestra zona por estos temas, llegando incluso a estamentos altos, sin lograr los resultados esperados”, lamentó.
Marinacci explicó que la solución al problema es agrandar los puentes y dragarlos. De lo contrario, tendremos serias dificultades en nuestra zona.
De hecho, trascendió que en poco tiempo más se hará el tramo del Río Salado entre Bragado y Junín y eso afectará enormemente los campos de nuestra zona, en caso de nuevos desbordes.

“El tema de la pendiente es clave. Junín está a 90 metros sobre el nivel del mar y a 160 kilómetros de Saladillo, cuya altura es de 40 metros sobre el nivel del mar. Es por eso que las autoridades tienen que estar muy atentas, porque nos van a meter el agua casi 2.5 veces más rápido que lo que se va de nosotros hacia el río, porque la pendiente es la que determina la velocidad”, manifestó.
“Soy un defensor del dragado del Salado y creo que, una vez terminada la obra, hay que luchar por la ejecución de las compuertas, para retener el agua y preservar los reservorios, porque el crimen más grande de la Argentina es tirar el agua dulce al mar. Ningún país del mundo hace eso”, cuestionó.

Marinacci insistió una vez más que las obras del Salado son muy necesarias, teniendo en cuenta los regímenes extraordinarios de precipitaciones que estamos teniendo. “La semana pasada en Saladillo, en dos días, cayeron 120 mm. Lo que llovió el viernes entre las 19 y las 21, no hay obra pluvial que lo pueda contener. Por eso se desbordan las cunetas y las bocas de tormenta. De ahí, la necesidad de que las autoridades adviertan a tiempo estas cuestiones y que la población colabore no arrojando botellas ni residuos de todo tipo a los canales. Es impresionante cómo la basura tapa los desagües. Lamentablemente, hay gente que es muy mugrienta”, reprochó sin vueltas.
Con relación al sector agrícola, manifestó que, debido a los anegamientos en los campos, en Saladillo es mucho menor la superficie sembrada. En cuanto a trigo, no supera el 40%; maíz se sembró hasta ahora apenas el 15%; y girasol no llega al 10%.
“Veremos qué pasa en los próximos meses. Los pronósticos de algunos climatólogos ya hablan de una probable Niña a partir de diciembre, con estrés térmico (altas temperaturas) y escasez de precipitaciones. Lamentablemente, estas situaciones son cada vez más frecuentes.”














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