Por Carlos Gorosito – Ex Intendente de Saladillo
Quizás las nuevas generaciones, con excepción de quienes militen activamente en la política partidaria y lean mucho, no conozcan al Dr. Elpidio González. Por eso, en el 76° aniversario de su muerte, trataré de hacer algunos comentarios sobre su vida y trayectoria política.
Nació en Rosario el 1° de agosto de 1875, donde cursó sus estudios primarios y secundarios. Luego se trasladó Córdoba y cursó estudios universitarios, recibiéndose finalmente de abogado en la Universidad Nacional de La Plata en 1907.
Abrazó de joven la causa de la UCR, es decir la causa de la justicia social, de las libertades públicas y del sufragio.
Su padre, el coronel Domingo González, quien había servido a la “Causa Federal” junto al “Chacho” Peñaloza, participó de la Revolución Radical de 1893 en Rosario (tuvo lugar entre el 28 de julio y 25 de agosto) y Elpidio, con 18 años, estuvo al lado de su padre.

En Córdoba, fue Elpidio González un activo participante de la Revolución Radical de 1905, que comenzó el 4 de febrero de ese año, convirtiéndose en un referente del radicalismo cordobés.
Declinó ser candidato a gobernador de Córdoba y en 1916 fue elegido diputado de la Nación por la UCR. Hipólito Yrigoyen, elegido presidente de la Nación, lo designó a Elpidio como ministro de Guerra de la Nación, cargo que ocupó hasta 1918, y jefe de Policía de la Ciudad de Buenos Aires entre 1918 y 1921.
En 1921 fue elegido presidente de la UCR y fue Vicepresidente de la Nación entre 1922 y 1928. El Presidente era el Dr. Marcelo T. de Alvear.
Finalmente, fue Ministro del Interior de la Nación durante la segunda presidencia del Dr. Hipólito Yrigoyen, desde el 12 de octubre de 1928 hasta el 6 de septiembre de 1930, cuando el golpe cívico militar encabezado por el general José F. Uriburu derrocó al gobierno democrático.
Después del golpe, fue encarcelado junto a Yrigoyen en la Isla Martín García y luego trasladado a la Penitenciaría Nacional.
Arturo Torres, que el 17 de diciembre de 1951 publicó un libro sobre su vida titulado: “Elpidio González – Biografía de una conducta” (Editorial Raigal), dice en la página 114 que cuando sale de prisión “busca en que ganarse la vida honradamente y encuentra en la fábrica de anilina de un gran amigo suyo que se le nombre representante de la casa para colocar el producto, y se lo ve cruzar por las calles de Buenos Aires ocupado en su trabajo”.
La fábrica era del alemán Germán Ortkras (amigo de Elpidio), quien había fundado en 1911 la empresa Anilinas Colibrí.

El Papa Francisco, en un reportaje realizado para el décimo año de su pontificado, dijo que Elpidio González le iba a vender anilinas a su abuelo carpintero.
El abuelo del Papa era radical y vivía en la calle Quintino Bocayuva al 556. Allí, Don Elpidio y el abuelo del Papa tomaban te con vino, según el relato del Papa Francisco.
Elpidio González vivió en una modesta pensión en la Diagonal Sur. Cuenta Torres en el libro ya referido que cuando iban a demoler la casa para la ampliación de la avenida, Elpidio sale y les pide a los obreros que le den tiempo para conseguir otro lugar.
Los obreros le informan al Director de la Obra y este averigua de quién se trata la persona que era nada más y nada menos que del ex Vicepresidente de la Nación.
La situación es informada al Intendente y éste lo hace saber al presidente de la República, el General Agustín Justo.
Días después, según el relato de Torres, el Presidente le envía dinero a Elpidio González, dinero que el ex Vicepresidente radical rechaza.
El diputado nacional Adrián Escobar, de filiación conservadora, inspirado en la situación personal de Elpidio González, presentó un proyecto de ley estableciendo una pensión para los ex Presidentes y Vice de la Nación.
La ley fue aprobada y luego promulgada. Intentaron convencerlo a Elpidio González que cobrase la pensión, pero la rechazó categóricamente el 6 de octubre de 1938 en carta dirigida al presidente de la Nación, Dr. Roberto Ortiz.
Hay un párrafo muy elocuente de la carta que dice que si por su lucha, por la grandeza de la Patria: “… si alguna vez he recogido amarguras y sinsabores, me siento reconfortado con creces por la fortuna de haberlo dado todo por la felicidad de mi Patria”.
Don Elpidio estaba enfermo y el 4 de mayo de 1951 es internado en el Hospital Italiano donde fue operado. A fines de mayo, su salud empieza complicarse y en octubre su situación es desesperante.
Finalmente, el domingo 14 de octubre pierde el conocimiento y muere a las 4.20 horas de la madrugada del 18 de octubre.
Don Elpidio González, el 24 de agosto de 1949, ante el escribano José Antonio Basso, había elevado a escritura pública su testamento que dice: “Muero en la fe de mis padres en la que he vivido. Pido ser enterrado con toda modestia como corresponde a mi carácter de católico, como hijo del seráfico padre San Francisco, a cuya tercera orden pertenezco. Suplico con amor de Dios, la limosna del hábito franciscano como mortaja y la plegaria de todos mis hermanos en perdón de mis pecados y en sufragio de mi alma. No tengo ascendientes vivos y no he tenido descendientes de ninguna naturaleza, por lo que a mi muerte y de acuerdo a la ley nadie podrá, invocando parentesco ni consanguinidad con el otorgante, reclamar al Estado favor, emolumento, beneficios o pensión alguna. Es mi última voluntad, por otra parte, que no se decreten honores ni honras oficiales de ninguna especie. No hago institución alguna de herederos, porque no tengo ningún bien de que disponer. Declaro además que toda mi vida pública ha sido siempre inspirada y regida por los principios y doctrinas de la Unión Cívica Radical, manteniéndome en todas las horas identificado con el pensamiento y la conducta del eminente republico Hipólito Yrigoyen. Que la Unión Cívica Radical, a la cual dediqué todos mis fervores y desvelos de ciudadano, es indivisible y absoluta y que cualesquiera sean las contingencias que ella soporta sobrevivirá siempre como imperativo histórico de la conciencia democrática argentina”.
“Declaro que este es mi único testamento firme y válido, que revoca cualquier otro anterior y que dejo encomendado a mis amigos el doctor Silvio E. Bonardi, el señor Gabriel Anchieri y el señor Carlos Borzani en cumplimiento de estas disposiciones.”
Ha sido el Dr. Elpidio González un santo político. Al menos deberíamos seguir su pensamiento político y su mensaje: el del compromiso permanente con el pueblo.
Nuestra Patria, desde hace años, vive momentos difíciles y la UCR –que sirvió a la Patria desde su nacimiento–, ya no es la misma de Alem, Yrigoyen, Alvear, Larralde, Lebensohn, Illia, Balbín y Alfonsín.
No hemos consumado el mandato fundacional, nos hemos desviado bastante del mismo. Entonces, como decía Alem, “debemos consumar la obra” o como dijera Yrigoyen “hay que empezar de nuevo”. Debe ser la consigna para el futuro, sería como rendir homenaje permanente a Elpidio González, ese santo de la política.















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