Autor de obras como “El dolor como espectáculo” de 2022, y “Poesía del yo para crédulos”, su libro más reciente, el escritor saladillense Bernabé De Vinsenci compartió nuevos poemas de su puño y letra, que a continuación reproducimos.
1
Mamá escucha Las Ligas Menores
dice que en vez de una terraza
la banda está en un psiquiátrico
me cuenta que ahí
en el psiquiátrico
se fuma
y se charla y se hacen buenas amigas
y que la chica de Las Ligas
tiene canas y que además es bonita
¿serán artificiales o de la edad?, me pregunta
ojalá tuvieras una chica así, me dice,
que te cante sobre recorrer rutas
dulce
con rulos
busco la edad
de la chica
una página cualquiera dice que nació en 1988
tiene 36 años
la única de la banda que sobrevivió
desde el 2011
me llama la atención la asociación
entre la terraza
y un psiquiátrico
esa asociación mental de mamá
algo dulce, algo tierna
algo forzada
qué hay después de todo sino
me digo, algo de verdad
sí
de lo que dice con su cabeza de niña
con su cara de niña agolosinada
que entre lo uno y lo otro
hay algo colándose
como canción angelical
que se toca
al borde de un precipicio
a poca distancia del cielo
y con estribillos de desamor
al aire libre
y al igual que en el patio
de un psiquiátrico.
2
Hoy soñé con vos.
Eras una estrella
del cine de África.
Parecía Cumbres borrascosas
del siglo XXI.
De una película
romántica
apasionada
que dio de qué hablar
con locaciones
al límite de las playas de África
con aguas cristalinas
y monte selvático,
sierras y hermosos lagos.
Estabas vestida de negro
y algo avejentada
y sin embargo
te reconocí.
Yo admiraba ese cuerpo recorrido
por arrugas y el pelo
algo grueso, quemado
por las tinturas
y algunos mechones canos.
Había algo de vos, muy difuso.
No supe bien
si eras vos.
Me esforcé porque lo fueras.
Pero después de diez años
ya no sé nada de vos
ni tu edad
ni tu color de pelo.
Así, la triste realidad.
Además ahora el fantasy
tiñe los pelos de colores locos
y yo con eso soy
un poco rígido
y los colores azules y violetas
me dan el vértigo de un mundo
que no sabe
qué carajo
quiere.
Estuve cincos minutos en la cama
riéndome de alegría
con mariposas podridas
en la panza
terriblemente feliz
y rodando en mi cabeza esa película de África
para darme el lujo de vivir
por un segundo
y por segunda vez
mi primer gran amor:
ese que
me llevó
a romper
contacto
con la realidad
y a vivir
en una burbujita
fácil de romperse.
3
El techo de zinc
me da
la única melodía que hace latir mi corazón.
La suave compañía
entre un cigarrillo
y otro
mientras le rogamos a Dios
si atenderá nuestra salud mental.
Ella me dice que deje de jugar a escribir
poemitas de locos.
Que no sé lo hermoso que es
la compañía de un loco a otro loco
en los espacios compartidos
de los psiquiátricos.
Todas hablan de sus novios, dice.
¿Sabías que tienen novios?, me pregunta.
A vos te influencia esa música
que te adoctrina la cabeza, agrega.
Y en la tele
vemos
una banda indie
que no le gusta
vago
chorro
drogadicto
fumador
le dice
al cantante viéndolo
mientras habla de Tokio o de Nueva York
con el obelisco de fondo
y cartoneros descansando
al costado
de la 9 de Julio.
4
Hay algo de vos
quejoso y dulce a la vez
que me encanta:
no darte cuenta de que el mundo
es peor de lo que vos decís que es.
Pero es cierto:
yo a veces me aburro
y vos irrumpís con el anecdotario de siempre
de que el mundo es peligroso
y para mí es como comer
un caramelo de dulce de leche.
5
Cada vez que me acuesto
mi cama es un glaciar.
Pienso de qué lado
es mejor dormir para evitarlo.
Pero no hay lado.
Pero hay nada para evitarlo.
Faltás vos para derretir el glaciar
y ver qué hay después del glaciar.
A largo plazo
uno se acostumbra tanto al frío
que se vuelve una especie
autóctona y feliz
de la Antártida.
Y a corto plazo
no sabría decir.
Quizás un cuerpo que respira
embalsamado
y con una mueca
de espanto.
6
Al anochecer
prendo la lámpara
de neón.
Me siento a la mesa
como un buen comensal.
Una de mis manos
sirve puré de papá.
La otra
empina sobre el vaso
un vino económico.
Pienso en vos.
Dos veces
pienso en vos.
En que tal vez
en la otra silla
enfrente de mí
podrías estar vos.
Después
voy al psicólogo
(y aunque
ellos,
los psicólogos
digan que no)
me dice que deje
ese pensamiento intrusivo
que te convierte a vos
en alucinación
y a mí
en el que alucina
y que estoy
-me dice-
a dos pensamientos más
a una ideación más
de volverme loco
maniobrando un peligroso viaje
sin retorno.
7
Soy naif.
A todos les digo
que los quiero
y les reparto abrazos
y les tiro brillantina
e inflo globitos de agua
y de cumpleaños.
Después vuelvo a casa
y de a poco
donde antes hubo piel
me crecen pelos
y donde antes hubo dedos
me crecen garras.
Soy naif
pero el espejo de casa no me reconoce
o refleja otra cosa
distinta a mí.
8
Mala fama en Sala Norte
como ella, la mujer, con los montes
después de que la violaran.
Galgos recorren las casas de placas.
La música a alto volumen
se mezcla
con los cantos de los pájaros.
En este núcleo de asentamiento
siempre hay anécdotas
que hacen
de las tierras fiscales
un lugar
donde los rayos del sol
nunca llegan.
A veces una Amarok
recorre la calle
Papa Francisco
y ve el espectáculo
de la gente sentada fuera de sus casas
sobre banquitos de madera
o caparazones de mulitas.
El proyecto de vida
en Sala Norte
es a cortísimo plazo
qué alimento
suplementar al bolsón
de mercadería
qué modo de ganarse el día
para comprar
un paquete de queso rayado
o de salchichas
cómo engañar al estómago
para que a las diez de la noche
el barrio sea
un cementerio.














Comments are closed