Por Carlos Gorosito – Ex Intendente de Saladillo

El 10 de febrero de 1912, la Cámara de Diputados de la Nación sancionó la Ley 8871, que fue promulgada por el Poder Ejecutivo Nacional el 13 de febrero de ese año. Se la conoce como Ley Sáenz Peña, dado que a la sazón era presidente el Dr. Roque Sáenz Peña.
Habían pasado casi 59 años de la sanción de nuestra Constitución Nacional (01-05-1853), para que el pueblo pudiera votar mediante el voto secreto, obligatorio y universal masculino.
Fueron las luchas del radicalismo con sus revoluciones las que lograron la sanción de la mencionada ley. Hipólito Yrigoyen perseguía que el pueblo votara libremente. La lucha fue dura, no fue fácil que la ley se sancionara. El pueblo pudo votar libremente a su presidente recién en 1916 y el elegido fue el propio Yrigoyen. Pero la gran ausente fue la mujer, que estaba excluida del derecho a voto.
Pasaron 35 años para que las mujeres en Argentina pudieran tener los mismos derechos cívicos que los varones. El 9 de septiembre de 1947, la Cámara de Diputados de la Nación sancionó la Ley 13.010, promulgada por el presidente Juan D. Perón el 23 de septiembre de ese año.
Mucho tuvo que ver en la sanción de dicha ley María Eva Duarte de Perón. Por eso algunos la llaman “Ley Evita”, que establece en su artículo primero lo siguiente: “Las mujeres argentinas tendrán los mismos derechos políticos y estarán sujetas a las mismas obligaciones que les acuerdan o imponen las leyes a los varones argentinos”.
El 11 de noviembre de 1951 las mujeres pudieron elegir y ser elegidas a nivel nacional por primera vez. Fue 35 años después de que lo pudieran hacer los varones en 1916.
En consecuencia, hoy se celebra el Día Nacional de los Derechos Políticos de la Mujer, porque fue precisamente el 23 de septiembre de 1947 cuando se promulgó la ley que le dio los mismos derechos cívicos que a los varones.
A la mujer, en la historia universal y de nuestro país, no le ha sido –ni les es– fácil conseguir iguales derechos que al varón.
El voto es uno de los ejemplos de la postergación histórica de los derechos de la mujer. Tuvieron que luchar muchos años para conseguir el derecho al voto.
Cecilia Grierson (1859-1934), primera médica de nacionalidad argentina, fue una de las precursoras de los derechos de la mujer.
Julieta Lanteri (1873-1932), la quinta médica mujer en recibirse en la Argentina, fue la primera en votar en nuestro país.
En 1911, la Municipalidad de Buenos Aires llamó a votar para cargos de legisladores a mayores, residentes en la ciudad, que tuvieran un comercio o industria o ejercieran una profesión liberal y pagasen impuestos.
Julieta Lanteri advirtió que nada se decía sobre el género. Entonces se inscribió en la Parroquia San Juan Evangelista de La Boca, y cuando llegó el 26 de noviembre de ese mismo año, ante sorpresa de todos, llevó a cabo su derecho a voto.
Elvira del Carmen Rawson Guiñazú de Dellepiane (1867-1954), segunda mujer en graduarse como médica en Argentina en 1892, militó activamente en la UCR y estuvo entre las revolucionarias de 1890. Ella también luchó incansablemente por el voto femenino y los derechos de las mujeres.
En 1919, fundó la Asociación Pro Derechos de la Mujer, junto con Adelina Di Carlo, Emma Day y Alfonsina Storni, entre otras, llegando a reunir a 11 mil afiliadas.
Alicia Moreau de Justo (1885-1986) luchó activamente por los derechos civiles de la mujer y para que pudiera votar.
Sara Justo (1870-1941), hermana de del Dr. Juan B. Justo y cuarta odontóloga del país, fue también una incansable luchadora por el voto femenino y los derechos de la mujer.
Por esa coincidencia del destino, el 23 de septiembre de 1926, durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear (UCR), se publicó en el Boletín Oficial la Ley 11.357 que en su artículo primero dice: “La mujer mayor de edad (soltera, divorciada o viuda) tiene capacidad para ejercer todos los derechos y funciones civiles que las leyes reconocen al hombre mayor de edad”.
El Congreso de la Nación la había sancionado el 14 de septiembre de ese año con las firmas del Dr. Elpidio González, vicepresidente Nación, y el Dr. Miguel Sussini, presidente de la Cámara de Diputados.
Dos provincias habían reconocido los derechos de las mujeres: En San Juan, durante el gobierno de Aldo Cantoni, de la Unión Cívica Radical Bloquista, se reformó la Constitución en 1927, reconociendo entre otros, los derechos políticos de las mujeres en las elecciones municipales y provinciales.
Se aplicó a partir de 1928. Mientras que en la provincia de Santa Fe, en 1921, se realizó una reforma constitucional que reconoció los derechos políticos de las mujeres, aunque limitados al ámbito municipal.
La nueva Constitución fue vetada por el gobernador Enrique Mosca de la Unión Cívica Radical Unificada, pero en 1932 fue reconocida legalmente por el gobierno de Luciano Molinas, del Partido Demócrata Progresista, rigiendo hasta 1936.
Así, las mujeres pudieron votar en las elecciones municipales de 1934. Que la mujer pudiera votar fue una lucha histórica y constante de muchas mujeres argentinas.
La mujer ha conquistado con su lucha hace 78 años el derecho a votar. Pero todavía hay muchos derechos a conquistar.
Todavía hay un “techo de cristal”. La expresión “techo de cristal» («glass ceiling», el original en inglés) se atribuye a Marilyn Loden (1946-2022), que fue una escritora estadounidense que en 1978 empezó a usar el término “techo de cristal” para definir las barreras que encuentran las mujeres en sus ámbitos de trabajo, barreras invisibles que les impiden avanzar.
Debemos celebrar los derechos ya conquistados, pero las mujeres argentinas deben seguir luchando por los derechos que aún les faltan, por nuevos derechos y nosotros debemos estar luchando con ellas juntos a la par para que los conquisten”.















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